Las mujeres anónimas

CIPRIANO JIMENO JODRA

Me refiero en el título al escrito de Justo García Turza, titulado 'Mujeres que lo dan todo' (17.02.2019). No entro a valorar la vida ni la obra de Mayte («esposa de uno de nuestros futbolistas españoles más destacados»), ni la de Guadalupe Ortiz de Landázuri (doctora en Químicas, entre otros muchos méritos).

Con estas líneas quisiera romper una lanza por cuantas otras muchas mujeres, en el más absoluto anonimato, se entregan, en cuerpo y alma, en favor de los demás. Esas mujeres, casadas, solteras, viudas o separadas, que encontrándose, muchas, sin trabajo y teniendo, en su caso, a los hijos y familiares en paro, perciben -si es que la perciben- una asistencia económica básica de miseria (la antigua beneficencia) o que, con una pensión ridícula, luchan trabajando, hasta el cansancio -y eso cuando encuentran trabajo- para conseguir el milagro de llegar a fin de mes. También rompo una lanza por aquellas otras mujeres -por supuesto anónimas- que entregan su vida, a fondo perdido y sin esperar nada a cambio, pasando días y noches a la vera de un enfermo. Quiero, en fin, romper una lanza por aquellas otras anónimas mujeres -y también, en este caso, hombres anónimos- que, además de otras patologías, padecen una enfermedad de las denominadas «raras» o minoritarias que, diagnosticadas, en su gran mayoría, después de una dolorosa e interminable 'peregrinación' médica, no tienen un tratamiento específico y que, muchas veces, penden del cumplimiento de una 'sentencia de muerte' inapelable o, en el mejor de los casos, de tener, a la vez, que soportar el dolor y las limitaciones consiguientes, y que, si son creyentes, sólo les queda -y no es poco- su ofrenda a Dios que, a pesar de todo, les ama como a su propio Hijo, al que tuvo que verlo vejado y crucificado, por incomprensible que, a primera vista, nos pudiere parecer.

Esas, entre otras muchas, abnegadas mujeres anónimas que, como incomprensiblemente se dice en el escrito comentado, «nunca las verán ustedes detrás de una pancarta». «No reividican nada a gritos»... «No dan la murga a nadie...». A esas mujeres que, consciente o inconscientemente, se les ha arrebatado hasta la voz y, consecuentemente, se les quieren negar los derechos constitucionales de expresión y manifestación.....; a muchas de esas mujeres que no pudieron terminar su escolarización por ayudar a los suyos, ni, por supuesto, pudieron soñar con ir a la universidad ni, menos todavía, que fueran declaradas beatas o santas..... A todas esas mujeres y muchas más, en coherencia con el mensaje samaritano del Jesús de las bienaventuranzas, quizá les resuenen en el alma aquellas palabras del Evangelio: «Venid benditas de mi Padre».