El San Lorenzo

PATRICIO PALACIOS BARBI

Leí con interés en un reportaje de nuestro diario a una paisana, de edad, manifestando su alegría por hallar nuestro San Lorenzo, nuestra cumbre, y su cohorte de Pancrudos. La panorámica es increíble, deslumbrante; la belleza y extensión del campo visual es inenarrable, digna de ser inmortalizada en el lienzo de un genial pintor. Fuentes fidedignas afirman que, en días claros, se divisan los Pirineos y el Guadarrama. Es un sueño, a tus pies, la belleza de nuestra acogedora Rioja, nuestro fértil suelo regado afortunadamente por siete ríos.

Yo pienso que así como los musulmantes asumen por lo menos una vez en su vida peregrinar a La Meca, a los riojanos en los colegios se les podría inculcar el gozar de una excursión a nuestro San Lorenzo al menos una vez en la vida. El premio es maravilloso: nuestra Rioja a nuestros pies. Nosotros subimos muchos años, siempre emocionados, hasta que nuestro estado físico nos vetó gozar la cumbre. Ahora, los diez de agosto, en memoria de Solita, mi mujer (q.e.p.d.) y en el mío propio, nuestros pensamientos vuelan a nuestro pico, a nuestro San Lorenzo.

En la página 20 de la edición de ayer, sobre la restauración del retablo de Fuenmayor, se incorporaba una fotografía en la que por error se identificaba al párroco de la villa, José Miguel Gil, sin que el nombre se correspondiera con la imagen.

 

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