Logroño, una ciudad aún con barreras

MAITANE ÁLVAREZ DE EULATE MARAÑÓN

Escribo por una cuestión social, para denunciar la situación que viven muchos de los ciudadanos de Logroño cada vez que salen de casa. Personas en situación de dependencia, desde las que necesitan un tacataca para poder moverse hasta las que requieren de una silla de ruedas. Estoy segura de que todas ellas, en algún momento, han sentido que tienen falta de autonomía e independencia y no solo por motivos físicos, sino porque no pueden hacer vida independiente. Salir a pasear, ir a la compra, tomarse un café, vivir la vida de manera activa se convierte en una tarea complicada. Todo esto por culpa de las barreras arquitectónicas.

Para mi vecina es la nueva acera que han hecho con unas baldosas que las han llamado vintage; el abuelo que lleva la silla de ruedas automatizada va siempre a las doce del mediodía a por el pan. Le cuesta 15 minutos mas llegar a la panadería porque la acera de la derecha parece un camino de cabras; si no recuerdo mal, creo que solo se han reformado en Cascajos dos aceras de los pasos de cebra (pero para poner un resalto en la carretera); Natalia con esclerosis múltiple, no pudo llamar al timbre del centro de salud porque estaba por lo menos a 160 cm del suelo; Raquel se rompió el pie y cuando fuimos a llevarla al Espolón nos fue imposible pasar por una calle principal. Nos tuvimos que dar la vuelta y llegamos 20 minutos tarde.

Zacarias, el motivo por el cual yo decidí redactar esta carta, es el caso más cercano que he vivido. Un hombre trabajador que, por motivos de salud, no podía moverse por sí mismo. Para eso estábamos nosotras que le ayudábamos a realizar todas aquellas tareas que él solo no podía. Pasear le gustaba, se le veía feliz. La verdad que las dichosas barreras hacían que se riese. No sabéis la de veces que he podido jurar por el desnivel de las baldosas, los pasos de cebra elevados y la mierda de aceras de la ciudad.

Después de una semana con Zacarias comprendí lo mucho que se pueden complicar infinitas vidas en 200 metros, desde que sales del portal de tu casa hasta cualquier lugar al que quieres ir. Todo porque no somos capaces de mirar más allá de nuestro ombligo.

A todos estos ejemplos podría sumarles otro millón más, pero todos podemos imaginarlos. Ahora, mi pregunta es, ¿cómo se le ocurre a alguien intentar mejorar la movilidad de las personas en dependencia con rampas que parecen los Picos de Europa, con aceras que parecen escaleras, con suelos que parecen calzadas romanas, con pasos de cebra que están a años luz del suelo de la acera y con un sinfín de 'barreritas' más?

No señoras y señores, no. ¡Basta ya! Llámenme un fin de semana y arreglamos medio Logroño.

 

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