Los límites de humor

BENITO COTERÓN BLANCO

En su columna del 9 de enero, Alonso Chavarri se pregunta en tono lastimero si puede hacer chistes ya que siente el acoso de una enigmática 'dictadura' que se lo impide. Con el debido respeto, me tomo la libertad de contestarle. El señor Chavarri y los columnistas que como él piensan pueden hacer chistes sobre muchas cosas: por ejemplo, chistes de mariquitas o de 'feminazis'. Eso sí, tendrán que asumir la crítica de quienes piensen que esos chistes son chabacanos, homófobos y machistas. Elemental, querido Watson... En cambio, como se les ocurra hacer una gracieta sobre la bandera, la monarquía, Carrero Blanco, la Semana Santa, el Valle de los Caídos, etc... se arriesgan a que alguien les lleve ante un juez que puede imponerles penas de cárcel o multas astronómicas. La revista 'Mongolia', sin ir más lejos, ha estado al borde de la quiebra por una multa de 40.000 euros que un juez le impuso. ¿Por qué? Por un fotomontaje con la cara de Ortega Cano en un cuerpo de un marciano. Mientras el señor Chavarri y otros columnistas ven fantasmales, teóricas y etéreas amenazas a la libertad de expresión, resulta que hay amenazas reales sobre las que ellos guardan un escandaloso silencio.

Desde sus púlpitos, con su capacidad de influir, hacen creer a muchas personas en la existencia de inexistentes 'tiranías' en vez de señalar a los responsables de sus males. Y esas personas acaban considerando que votar a un partido político racista, machista, supremacista y homófobo es un acto de heroísmo o una valiente rebeldía contra la opresión. Por eso creo que estos columnistas, de forma voluntaria o involuntaria, alimentan el crecimiento electoral de la ultraderecha. Espero que no me lleven ante un juez por esta 'acusación'.