Libertad responsable

AMELIA GUISANDE GONZÁLEZ

El valor que concedemos a nuestra libertad en su hacer se pone de manifiesto, sobre todo, al valorar la asunción de responsabilidad que el ejercicio de la misma implica aceptando las consecuencias que de la misma se derivan.

Situándonos en el plano de la sociedad podemos afirmar la existencia de una relación entre libertad y responsabilidad, de modo que, cualquier actividad que una persona lleva a cabo, va acompañada necesariamente de su repercusión social, la cual tiene sin ningún género de dudas un carácter personal e intransferible.

Solamente la persona es la única responsable de su actuación no pudiendo en rigor traspasar dicha responsabilidad a otro.

Pero este principio parece no estar del todo claro para algunas personas que, en el ejercicio de las funciones relativas a sus cargos, señalan áreas o parcelas sobre las cuales inhiben la responsabilidad de sus acciones, que hacen derivar hacía otras personas, con lo cual ese compromiso con su conducta no sólo queda diluido, sino que esa dejación de responsabilidad está también poniendo de manifiesto su propia inhabilitación para ejercer de modo responsable las funciones de los cargos respectivos para los que fueron nombrados.