Y ahora, ¿qué hago con mi hijo?

ROCÍO CAZALLAS GRAU

En dos días, como quien dice, llega el verano y con él la misma pregunta que nos quita el sueño a miles de padres: ¿Qué hago con mi hijo? En estos dos meses, tenemos que lidiar con la gran cuestión: dónde ponemos a nuestros hijos mientras nosotros trabajamos. Hay cursos, piscinas, campamentos..., que duran quince días y con precios exagerados. Todo está muy limitado y no llega a todos los bolsillos. Menos mal que están los benditos abuelos, salvadores del cielo y de la tierra, y de nuestros queridos hijos. Porque, sin ellos, miles de padres no podrían continuar trabajando, ya que las reglas tan estupendas y fantásticas (que en los países nórdicos gozan en su mayor plenitud) de la conciliación familiar, aquí se las pasan por el forro. ¿Cuándo vamos a dejar de ser un país de pandereta? Señores gobernantes, ¿podrían dejarse de mirar el ombligo e ir a por cosas serias que preocupan a la mayoría de la población? Como, por ejemplo, en el futuro de una sociedad que necesita estar formada y entretenida. Aquí los únicos que hacen algo por nosotros son nuestros padres, así que gracias a los abuelos porque sin vosotros no sería posible.

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