Gracias a la residencia de ancianos de Nájera

LUIS CARLOS Y JESÚS Á. DEL POZO MATUTE

Cuando se muere el ser que me dio la vida y al que más quiero, en medio de un desgarro amargo y desolador, el corazón también encuentra palabras para el agradecimiento. Agradecimiento a las personas que han ayudado a mi madre en esta vida, a sus amigos, a aquellos que se han preocupado de sus necesidades y que han tratado de hacer realidad sus sueños. Un agradecimiento que quiero hacer extensivo a todos y cada uno de los trabajadores de la residencia de Ancianos Santa María la Real, de Nájera, donde mi madre, Candelas Matute Manzanares, fallecida el pasado 31 de marzo, ha estado ingresada durante los últimos 9 años, rodeada de profesionales que han dado lo mejor de sí mismos para que sobrellevara los últimos años de su vida en las mejores condiciones posibles.

El trato que han tenido conmigo ha sido también amable, profesional y atento. Tanto que cuando, después de visitarla día a día, me iba de allí sabía que la dejaba en las mejores manos, en un verdadero hogar donde iba a estar a gusto y segura. Por eso quiero decir a todos los empleados de este centro que les estaré eternamente agradecido y que cada vez que me acuerde de mi madre me acordaré también de ellos. Y será muy a menudo, porque mi madre estará presente, no solo en mi pensamiento sino también en mi corazón, todas las horas, todos los minutos y todos los segundos del día.