Empatía y salud mental

NOEMÍ LORENTE PÉREZ

El mes pasado experimenté una de las situaciones más difíciles de mi vida al tener que acudir a Urgencias del Hospital San Pedro y ver cómo se tratan los asuntos relativos a la salud mental.

Un paciente que llega a Urgencias por no encontrar sentido a su vida, con síntomas de ansiedad, tristeza, estrés laboral... Entra a Urgencias a las 20,17 después de estar todo el día deambulando, con su familia buscándolo sin consuelo, con todo un despliegue de Guardia Civil y Protección Civil detrás de su pista... Para llegar allí y que después de tres horas esperando, porque estaba colapsado, salgan a atendernos. Un profesional de los pies a la cabeza que nos explica como está, nos tranquiliza después de un día tan duro y hace todo lo posible para que lo veamos cuanto antes. No actúa así el psiquiatra con el que tratamos después y de quien dependerá todo. Una persona fría, la empatía ni la conoce, nos da su veredicto: «Tiene que tomarse las cosas de otra manera», sentencia, que menuda frase para una persona que lleva estudiando la psique humana no sé cuántos años y otros tantos trabajando en el hospital. Tampoco hubo opción a preguntas porque no permitió interrupciones. Así que basándose en el resultado de unos análisis de sangre y un electrocardiograma concluye que lo mejor es que cojamos el alta porque ve que tiene mucho apoyo familiar. ¡Claro que tiene mucho apoyo familiar! ¡Gracias a eso!

Pero luego se les llena la boca a los políticos y a algunos de estos profesionales cuando hablan del nuevo programa de prevención de la conducta suicida que se quiere implantar en La Rioja porque hay alrededor de 360 casos de este tipo cada año. Podrá ser un plan genial, bien ideado y estructurado puesto que el tema y los datos recopilados son bastante preocupantes. Pero si está liderado por personajes como el que he descrito, no llegará a ningún sitio. Bueno, sí: saldrá en las noticias, periódicos, habrá foto oficial... pero en la práctica será un sinsentido puesto que, para mí, para tratar con personas creo que hace falta algo más que un título universitario; hace falta humanidad, empatía, asertividad, capacidad de escucha... y si no lo tienes, pues mucho mejor dedicarse a otra cosa aunque solo sea por una simple razón, que todos agradecerán.