Dictadura plebiscitaria

MANUEL PÉREZ PARDAL

El conejo que se han sacado Iglesias y Montero de la chistera no tiene nada de novedoso. Responde a una tradición histórica propia las llamadas 'dictaduras plebiscitarias'. De entre ellas, la más conocida es la de Napoleón III de Francia (1848-1870). La mecánica es sencilla. Consiste en buscar la legitimidad a través de plebiscitos (con opciones binarias, en consecuencia), en vez de recurrir a procedimientos electorales en los que exista una mayor gama de opciones. Es habitual que los plebiscitos no enfrenten al gobernante contra un oponente sino que se conciban como un sí o un no al gobernante mismo.

Un ejemplo de ello sería el plebiscito de Chile de 1988, en el que se ratificaba a Pinochet como presidente de la República. Habrá quien me diga que por qué este tipo de prácticas son negativas. Lo explico: imaginemos que un amigo me debe 20 euros y no tiene capacidad de resarcirme (está quebrado). Él me plantea dos opciones: o ingresa en prisión por no pagar o bien yo le perdono la deuda. Lo que mi amigo estaría haciendo es plantearme un falso dilema. Me da a elegir entre adoptar una medida a todas luces excesiva (meterlo en la cárcel por 20 míseros euros) o dejarle irse 'de rositas'. ¿Qué decisión tomarían?

Esa ha sido la táctica de los regímenes totalitarios a lo largo de la historia. Obligar a la gente a elegir entre matar moscas a cañonazos o validar sus tropelías. Y, casi siempre, les ha salido bien. Y eso es lo que está haciendo Iglesias. ¿Lo del chalet está mal (vistas sus anteriores declaraciones)? Es evidente. ¿Es tan grave como para proscribirlos a ambos de la vida política y descabezar Podemos? Evidentemente no.

Así que, como la gente es razonable, Iglesias y Montero habrán ganado el plebiscito y habrán dicho que el pueblo ha validado su decisión de comprarse un chalet de 600.000 euros con piscina, aun cuando los inscritos habrán votado por no hundir aun más Podemos, aunque lo del chalet les parezca fatal.

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