Que todos los días sean 8 de marzo

CRISTINA MOLINA

¿Que no, que no, que no tenemos miedo! ¡Basta ya del mandato patriarcal! ¡No es abuso, es violación! Estos y otros mensajes se corearon el pasado día 8 por miles de hombres y mujeres.

Yo no soy sindicalista, ni pertenezco a ningún grupo feminista. Soy una mujer que vive en Logroño y que quiere paz por las noches, volver a casa si salgo sola. Que dejen de matarnos porque no queremos seguir viviendo con el que maltrata. Queremos vivir tranquilas si decidimos terminar una relación porque somos capaces de no depender de un hombre para vivir. Quiero un trabajo digno y no por horas, con contratos de obra o servicio y sin derecho a antigüedad. Porque todas esas cosas que nos han quitado son las que nos permiten sacar la cabeza y prosperar.

Las grandes empresas ganan miles de millones al año que no comparten con sus trabajadores para que estén agobiados y agachen la cabeza para no perder el empleo. No se dan cuenta de que sin los trabajadores no hay empresa ni ganancias. Y no me vale el si no lo haces tú, siempre hay otro detrás. Yo no voy contra todos los hombres, ni contra todas las empresas, solo contra los que consideran en pleno siglo XXI que las mujeres tenemos que ser dominadas, que no podemos vivir sin un hombre y que nos pueden dar un empleo basura porque no nos merecemos más.

¡Vivan los hombres que nos apoyan! Ojalá llegue el día que no tengamos que salir a las calles para pedir nuestros derechos y que empiecen a cambiar las cosas porque todas y todos tenemos derecho a prosperar. Que el 8 de marzo no se quede ahí porque todos los días son 8 de marzo.