Cuarto puente sobre el río Ebro

AMELIA GUISANDE

Mi paseo en esta mañana de cielo gris ha transcurrido como tantas otras veces en torno al Parque del Ebro. Es este un recorrido además de familiar sorprendente según la época del año en que nos encontremos. Ahora que encaramos el otoño y el calor del estío nos ha dado paso a temperaturas más suaves, podemos demorar nuestra hora de partida y aprovechar mejor la luz de la mañana.

Ya sea al inicio o al final de nuestro recorrido, éste siempre discurre pegado a las riberas del río, para finalizar contemplando la ligera pero a la vez esbelta silueta, del conocido como cuarto puente sobre el Ebro.

Levantado sobre el cauce del río que trata de salvar, es ya un icono de belleza, que se recorta sobre ese fondo envolvente de pequeñas lomas, peladas y grises, pero a la vez ricas en esparcir esos aromas a romero y tomillo que en su suelo florecen. Su diseño actual y novedoso, presenta una estructura en la que un doble arco de acero, sostiene un tablero destinado al tráfico de vehículos, así como dos pasarelas laterales para uso de los viandantes.

Al penetrar en dicho espacio no puedo menos que pensar en la complejidad de problemas y de cálculos que su autor ha tenido que plantearse y resolver, antes de alcanzar y ejecutar dicha solución. Ahora que todos tenemos la posibilidad de disfrutarlo, nos queda el agradecimiento a su autor, a la administración, y a la empresa por llevar dicha obra a buen puerto. También si se me permite, exponer un deseo: Prodigarle la atención y cuidados necesarios para evitar su deterioro, y seguir conservándolo en buen estado.

 

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