Comunicación e incomunicación

PATRICIO PALACIOS BARBI

La comunicación universal lleva aneja la incomunicación personal. Hace años, en los domicilios, las conversaciones giraban en la mesa de camilla, al calorcito del brasero de cisco, atizado por uno de los contertulios. El frío reinaba en la casa.

Hoy, al comunicarnos costantemente con cualquier persona y de cualquier lugar, pero no con los de nuestro entorno, siempre tenemos prisa. No nos paramos, no nos apretamos las manos, no confraternizamos, no hay calor personal, siempre tenemos prisa... y no llegamos.

El otro día, junto a nuestro gran río Ebro, paseaban tres señoritas, cada una con su móvil en la oreja ignorando a las otras y perdiendo la ocasión de hacer intercambios personales de opiniones. Está mal visto que cuando conversan dos personas se pare una tercera demasiado tiempo. Eso lo hacen constantemente los móviles. Con ellos no hay intimidad.

Ayer pan y circo, luego pan y toros, más tarde pan y fútbol, y hoy... móviles, móviles, móviles.

 

Fotos

Vídeos