La RAE y el Cervantes, la salvaguarda lingüística

AGNESE DOTTO

Al resolver cientos de dudas lingüísticas cada día, la Real Academia de la Lengua Española, la Fundación del Español Urgente y el Instituto Cervantes se han convertido en grandes asesores del lenguaje cuya labor actual merece un análisis y una atención aún más profundos, con respecto a los años en los que vieron la luz.

No quiero centrarme en una definición de los papeles que dichas instituciones desempeñan dentro del universo lingüístico del Español, sino en el objetivo común que las une, a pesar de que el mismo se manifieste de manera diferente, dependiendo de las razones principales que llevaron a la creación de cada una de ellas.

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Parece fundamental plantearse de entrada una pregunta: estos organismos, ¿pueden estar vinculados entre sí por su carácter de salvaguardia lingüística? Estoy convencida de que sí. Ante todo, está claro que las tareas por las cuales se fundaron los tres hacen hincapié en diferentes aspectos de la lengua española: simplificando mucho, en un uso más normativo la Real Academia, en un empleo correcto a nivel mediático Fundéu y en su difusión y buen uso el Instituto Cervantes. Sin embargo, esa aparente separación no debería llevar a considerarlas como realidades totalmente separadas y sin puntos de contacto. Al contrario, creo que la voluntad de diferenciar los ámbitos de la lengua -que han de protegerse- de los que cada una se ocupa pone aun más de relieve el fin común que comparten.

Asimismo, se destacan las iniciativas prácticas a través de las cuales se intenta proteger la lengua española de las posibles amenazas que pueden llegarle del inglés o de la influencia de otros idiomas. A este respecto, piénsese en Fundéu, que proporciona consultas a las preguntas que se le trasmiten por parte de periodistas u otros profesionales pertenecientes al mundo de los medios de comunicación; o en el Cervantes, que intenta difundir la lengua misma fuera de España, ocupándose además de la formación de un profesorado que tenga las competencias necesarias para que la enseñanza del español se imparta a través de métodos cada vez más actualizados.

Al final de estas consideraciones, parece imposible pensar en salvaguardar nuestro idioma sin el apoyo de las tres instituciones mencionadas, con lo cual me pregunto: ¿existen otros recursos u organizaciones de 'defensa lingüística' que puedan sustituir a éstas?

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