La calma se fue de fiesta en las fiestas de Inestrillas

RICARDO LALINDE LÓPEZ

Pasaron las fiestas como todo pasa: mucha gente, muchos coches, mucho ruido y mucho mal educado; si no fuera por estos días vacacionales, diría que la gente está loca: quiero pensar que lo que nos pasa es que tenemos ganas de hacer lo que en todo el año no hemos hecho, tirarnos a la bartola y salga como salga, que... «páiso es fiesta en el pueblo».

Pero aún así, debemos guardar las composturas y no comportarnos como unos salvajes incivilizados, y..., digo esto, porque observando a la gente he podido comprobar la enorme cantidad de imbéciles que ha habido por estos lares y no solo en algunos niños mal educados, sino también en esos imbéciles papás que dan rienda suelta y aplauden la imbecilidad de sus hijos.

He visto apedrear coches, arrancar bancos, tirar y vaciar papeleras, romper botellas, arrancar arbolitos, varear los manzanos y tirar las manzanas, romper tiestos de flores que también han arrancado junto con el maíz y las cebollas y... a los imbéciles padres de estos imbéciles niñatos no importarles un pimiento sus malas formas y peores hechos... Como se suele decir..., de tales palos, tales astillas.

Por fin al pueblo llegó la calma; se fueron los vándalos con la madre que los parió y aquí queda como antes del verano agostero, la calma, el sosiego y la tranquilidad. ¡Lástima que esta calma no la sepan disfrutar los que se fueron!

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