Las calles y los nombres

CECILIO BARRAGÁN

El sábado 17 estuvo bien la fiesta de la nueva calle del Ateneo Riojano, además del cambio de nombre de otras dos, dentro de las 17 que están previsto cambiarse. El asunto de fondo es delicado, y por si hubiera algún aspecto ideológico, para no caer en «lo mismo», me surge revisar algunas preguntas básicas: ¿Tenemos una conciencia moral «a priori» donde reside nuestro sentido de la justicia? ¿Es posible la relación con los demás sin mediación ideológica? ¿Es posible relacionarse sin traicionar nuestra conciencia? ¿Reconocemos la ecuanimidad como la realidad de la justicia?, y más cerca, ¿es justo juzgar el pasado con la ideología del presente?

Porque cada tiempo tiene un «espíritu de la época» que es más profundo que las ideologías con las que opera, y en casos, combaten. Pero sí que a veces se entra en conflicto sanguinario que es inevitable juzgar. Y sigo preguntando, ¿no habría que salvar el espíritu de las épocas para evitar volver a bajar a las contiendas?, ¿no sería una «dictadura democrática» arrasar con todo vestigio del oponente?, y así, ¿no sería menos ideológico respetar algunos nombres de las 17 calles, de los que realizaron alguna hazaña para el progreso, o beneficios sociales importantes, y no derramaron sangre al menos directamente? Pues seguiríamos en el mismo estado además de perturbar el psiquismo colectivo.

Finalmente, ¿no debemos zanjar el recurrente asunto de la guerra civil, que ya no importa a los jóvenes? ¿No puede servir de coartada para no pensar un futuro viable, y para transformar el signo de estos tiempos, que es el vacío?

 

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