La buena educación en Logroño

ANA REVILLA CERNUDA

Desde hace unos años, por motivos de trabajo, paso el mes de septiembre en Dublín y alrededores. Debido a las distancias, necesito alquilar un coche para desplazarme con mayor rapidez.

De los irlandeses se escuchan muchas cosas, pero les aseguro que algo que llama la atención es su buena educación, tanto a pie como en la carretera. Nadie es más que nadie, por mucha prisa que se tenga. ¿Quieres salir de un aparcamiento?, paran y te dejan maniobrar. ¿Quieres girar?, paran y ceden. ¿Quieres avanzar por un pasillo en una tienda?, te piden disculpas y se apartan.

Ayer llovía en Logroño, es decir, atasco. Volvía por la circunvalación y pude ver cómo un coche recorrió más de 100 metros tratando de entrar al carril derecho hacia la rotonda de Chile. Nadie fue capaz de ceder y tuvo que irse.

En las relaciones humanas la amabilidad y cordialidad facilitan mucho las cosas. El saber estar, el saber hacer, tienen que calar en el interior de cada uno. Con las buenas maneras se ejercita el autocontrol, además de ser un entrenamiento en otros valores, y no haciendo a los demás lo que no queremos que nos hagan. A fuerza de pedir «por favor», uno se hace generoso; diciendo «gracias» se aprende a ser agradecido.

En definitiva, aprender y enseñar a convivir, a ser sociables, a ayudar a los demás. ¿Qué tal si empezamos hoy?

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