El buen pastor

CLEMENTE GARCÍA GARCÍA

Cuando se nos va un ser querido, se oyen decir las mismas palabras en el día de las alabanzas: ¡qué buena persona era! Es lo cierto, aunque ese no ha sido tu caso, porque todos cuantos te conocimos bien sabemos que lo tuyo ha sido todo bondad, trabajando siempre por los demás y eso lo podemos expresar bien alto y con letras muy grandes. Y digo esto porque el pueblo de Entrena te hemos dejado a deber muchos y grandes favores.

Cuando llegaste a Entrena procedente de El Villar de Torre, lo primero que hiciste fue interesarte por las obras de mantenimiento que nuestra iglesia parroquial necesitaba, que fueron unas cuantas. Pues bien, después de los preparativos para realizar dichas obras, el primer sermón que nos echaste fue el colocarte el buzo azul que bien lo recuerdo, para predicar con tu ejemplo, de que aquellas obras había que hacerlas entre todos los vecinos. Y así lo hicimos, en las que todos colaboramos de una u otra forma.

Otro de los grandes recuerdo que nunca olvidaremos fueron aquellos viajes que organizaste, tanto a Cóbreces como a Santillana del Mar, con nuestros hijos y nietos, trabajando desinteresadamente y desvelándote por estar pendiente de ellos, para que disfrutaran de unos días inolvidables. Al igual que con la Asociación de la Tercera Edad, cuántos y cuántos viajes se realizaron a cuenta de perder parte de tu tiempo y tu trabajo.

No quiero extenderme más, porque como he dicho antes son tantos los favores que te hemos dejado a deber que me quiero quedar con los mejores recuerdos, que son aquellas partidas de mus que echábamos por la noche en el bar, de los que te venían muy bien para relajarte de todas las preocupaciones que tenías por todos nosotros durante el día. Y para terminar quiero dirigirme a tus familiares, que, a pesar de los días tan duros que pasaron por tu triste desenlace, pueden estar orgullosos por la gran despedida de tantos y tantos amigos que estuvieron para decirte «hasta pronto» querido y amigo Jesús (don Jesús) como te llamaban los entreneros.

Quiero que sepas que allá donde Dios quiere que estés, los vecinos de Entrena así como todos los que te querían te deseamos todo el descanso que te mereces, llevándote en nuestro corazón y recordarte como el buen pastor, que siempre se ocupa de su rebaño.

Hasta siempre amigo.

 

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