Ni banderas ni fronteras

GERARDO VILLAR

Hay dos cosas que nunca he llegado a entender: las fronteras y las banderas. ¿Qué pasaría si desapareciesen? Cómo es posible que por unos metros de tierra, unos seamos de un país y otros de otro? Y esto ha traído y trae guerras, luchas, disgustos, muertes. Con lo bonito que sería toda la humanidad como un solo país.

Me ha resultado chocante que los pueblos tengan lindes y mojones para ver hasta dónde llega la propiedad de unos y la de otros. Y que casi siempre la enemistad política, social, folklórica suele dirigirse contra el pueblo de al lado. Y así lo manifestamos hasta en las coplas religiosas Decimos a la patrona de turno: «Si viene alguna mala tormenta y no la puedes detener, mándasela a los de xxx, que son de mal proceder» (siendo xxxx el pueblo de al lado). Lo curioso es que las personas de ambos pueblos están relacionadas por familia, matrimonio o amistad.

Qué bonito el día en que todas las personas no tengamos más que una tierra. Las características de cada lugar, el idioma, las costumbres, los productos autóctonos, con una riqueza. Pero todos de todos y para todos. Abiertos a dar y recibir. Y las diferencias, para enriquecernos a todos.

Que nunca una bandera sea insignia contra nadie ni indique supremacía sobre nadie. Tuvo que ser alguien bebido quien señalase las fronteras y marcase la separación. ¿O es que fue alguien que al ir conquistando y poseyendo tierra la quiso guardar para él y por eso puso alambradas? A ver cuándo nos ponemos de acuerdo y nos dedicamos todos a quitar mojones y banderas. Ya nos diferenciaremos por la forma de ayudar a los demás. De ser más humanos.

Lo dice Mario Benedetti:

Qué pasaría si quemamos todas las banderas/ para tener sólo una, la nuestra,/ la de todos, o mejor ninguna/ porque no la necesitamos? // ¿Qué pasaría si de pronto/ dejamos de ser patriotas para ser humanos?/ ¿No sé... me pregunto yo,/ qué pasaría?

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