El vestir en el trabajo

BENITO COTERÓN BLANCO

«Si te sientes incómoda en minifalda, no te molestes ni en presentarte a la entrevista». Este texto, tal cual, figuraba en una oferta de trabajo para azafata de congresos en un portal de búsqueda de empleo. No he podido evitar acordarme de tantos y tantos casos en que eso de la 'buena presencia' es la excusa perfecta para justificar el trato denigrante a las mujeres en el trabajo. También me he acordado de esto por la recién publicada sentencia del Tribunal Europeo, dictaminando que es legal obligar a las trabajadoras musulmanas a llevar la cabeza descubierta. Sé que hay millones de europeos que aplauden esta medida, pero antes de aplaudir deberían reflexionar sobre la posibilidad de que ésta jurisprudencia dé carta blanca también a los empresarios que quieran obligar a sus trabajadoras a ir 'ligeritas de ropa'. O que se pueda prohibir la proyección de películas como donde las protagonistas lucen pañuelos en sus cabezas. O también obligar a las Madres de Plaza de Mayo a quitarse sus pañuelos blancos cuando vienen a Europa a dar una conferencia.

Hay quien argumenta que hay que liberar a las mujeres de un precepto religioso represor e impedir adoctrinamiento. Si es así, se debería considerar que, por esa misma razón, se puede exigir a las monjas a que se quiten la toca o instar a recatadas profesoras del Opus Dei a que se dejen el pelo largo.

Quien lea estas líneas comprenderá que estas reflexiones las hago bajo la premisa de uno de los principales fundamentos legales de los países democráticos: la igualdad de todos ante la ley. Aunque puede que me esté equivocando y lo que se está haciendo en realidad es aplicar criterios selectivos y dobles raseros en la aplicación de las leyes. Y eso es muy inquietante, es abrir la caja de Pandora.

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