Carta a los Reyes de las escuelas católicas

«Nos gustaría que La Rioja continúe en los primeros puestos en calidad educativa. Que continúe siendo innovadora en técnicas educativas, sin dejarse llevar por las modas, sin confundir los medios con los fines»

Estos días navideños tan propicios para hacernos regalos unos a otros, en que unos y otros expresamos nuestros mejores deseos para los demás, Escuelas Católicas quiere hacer pública su 'Carta a los Reyes Magos', por si sus majestades consiguen hacer realidad algunos deseos de la comunidad educativa.

El primero es que cada educador considere que sus educandos son el gran regalo, el mejor que podría recibir; un regalo que no es en propiedad, por supuesto, y al que hará más grande ayudándole a crecer y a prescindir de su maestro. Como dice un poema japonés, «la suprema felicidad para un educador es escuchar la canción de una niña que, después de haberle preguntado el camino, se aleja y, antes de desaparecer, le dice adiós con una sonrisa».

Un regalo que debe tratar con todo el cariño y el respeto del mundo. Respeto porque es un «yo» sagrado diferente a «él». Cariño, porque el afecto es al ser humano lo que el agua para las plantas. Crecen, maduran, en la medida en que les llega el agua del cariño, del saberse aceptado, respetado y querido.

El segundo es que el educador se dé cuenta de que él es también un buen regalo para sus educandos. El que debe abrirles horizontes, impulsarles a vivir diferentes experiencias que les abran a la vida; es el que debe despertar sus potencialidades, el que les acompañe un tramo de su vida con la ilusión de «hacerles pasar de un mundo de afectos privados a un mundo de afectos sociales», de ayudarles a «oír dentro de sí mismos la voz de la razón para que puedan controlar el dominio de sus pasiones...», que comentaba J. Martínez de Pisón, hablando del «niño salvaje».

El tercer regalo que pedimos a sus majestades es que la sociedad valore a sus educadores, confíe en ellos y les dé los medios y autonomía que necesitan. Muchos seguimos anhelando el día en que todos quepamos sin sospechas en el universo educativo, y desde la libertad y la equidad podamos colaborar en esta misión tan importante, apoyándonos unos en otros, preocupados por lo que de verdad importa: el bien de nuestros niños y jóvenes; el día en que los intereses partidistas no condicionen las perspectivas de desarrollo de la educación, el día en que realmente los educadores sean más valorados que tanto famoso que aporta poco a la sociedad. Y el día en que esa valoración se manifieste también en una justa retribución.

El cuarto deseo es que, si es verdad que quien educa al niño es la tribu entera, la nuestra no esté centrada en contravalores como el consumismo, la competitividad agresiva, la violencia, la injusticia, los malos tratos, el rechazo del emigrante pobre... o la necesidad de saciar inmediatamente cualquier deseo. Quisiéramos una tribu que cuide la familia, base de la sociedad: su persistencia, la satisfacción de sus necesidades más importantes, su paz y armonía interna... Una tribu que colabore con la familia en la educación de sus hijos y la asista en sus miembros más débiles. Una tribu en que, en cada familia, todos aporten lo mejor de sí, donde los hijos encuentren ejemplos de vida y un sentido para la misma. Quisiéramos una tribu en la que siempre tuviesen sitio los pobres, los débiles, los necesitados... Todos.

Y, puestos a pedir, también nos gustaría que La Rioja continúe en los primeros puestos en calidad educativa. Que continúe siendo innovadora en técnicas educativas, sin dejarse llevar por las modas, sin confundir los medios con los fines (importan los «cómos», pero, sobre todo, interesan los «qués»). Una autonomía que busque el crecimiento de todos sus hijos, por encima de otros intereses de cualquier tipo. Una región en la que no se escatimen los medios en educación, sino que la inversión en educación se considere fundamental. «Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres», decía Pitágoras.

Para finalizar, Escuelas Católicas de La Rioja pediría también a los Reyes Magos el regalo de la consideración de todas las escuelas como complementarias. Les pedimos que nos concedan el gran regalo de no necesitar estar justificando nuestra presencia, tan apreciada por muchos; que se respete la opción, que nos mueve, de una educación asentada en una visión cristiana de la persona humana, en la imagen de Jesús como modelo del ser humano; que se nos permita ayudar a nuestros alumnos a descubrir a un Dios que humaniza, da sentido a nuestra vida y la asienta en los grandes valores de la humanidad como son la justicia, la paz o la fraternidad universal.

Somos conscientes de que estos regalos no vendrán de un modo «mágico»; serán el fruto del trabajo constante de personas que quieran construir desde su puesto en la vida; construir humanidad, construir educación, construir país. Estamos todos invitados. Que cada uno ponga su granito de arena.