Canícula

SYLVIA SASTRE

En plena canícula veraniega, la mayor parte de ciudadanos suspiran por un paréntesis en sus ocupaciones profesionales, esperando que también el mundo pudiera detenerse en un paréntesis sin preocupaciones personales, familiares, políticas o económicas, ni ambientales. Pero el mundo no se detiene.

Mientras que la temperatura política en España parece haber descendido algún grado en algunos puntos «calientes», el calor ambiental oprime confirmando lo que parece ser una clara evidencia del tan renombrado recalentamiento de la tierra: incendios, sequías o inundaciones se suceden estos días sin tregua desde California a nuestros bosques cercanos. Nadie prevé que haya más de 30º cerca del círculo polar, pero Suecia y Noruega han alcanzado temperaturas de más de 32º el 17 de julio, pero tampoco es habitual los más de 51º en el Sahara a principios de julio, o los 52'9º alcanzados en el Valle de la Muerte en California, devorada por las llamas en varios incendios devastadores hacia el norte del estado.

Con todo ello ya no nos sorprenden los recientes comunicados de la Organización Metereológica Mundial sobre las temperaturas excepcionalmente elevadas que se han alcanzado este año durante el mes de junio en Siberia, Estados Unidos, Canadá, África del Norte o China, ni el continuado deshielo de glaciares.

Pero en vacaciones esperamos protegernos de la canícula aligerándola con refrescantes baños en el mar, piscinas o ríos y reparador reposo en las horas más altas, y nos sentimos privilegiados por no tener que soportar, a la vez, además de la presión del trabajo, la presión del calor. Pero lo más regenerador es desconectar, lo cual supone no solo estar «técnicamente» alejado de la ocupación habitual, sino ser capaces de alejar la mente de las tribulaciones habituales liberándonos de los correos electrónicos, mensajes en el teléfono, u ordenadores portátiles a nuestro alcance. Si no prescindimos de ellos, nos habremos llevado el despacho a la playa o al refugio campestre, en lugar del «dolce far niente» regenerador.

Feliz descanso... aún en la canícula.

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