CAMINO SORIA

MARCELINO IZQUIERDO - EL CRISOL

Sufre La Rioja un secular déficit de infraestructuras, tanto viarias como ferroviarias, que con el paso del tiempo no ha hecho sino empeorar. Descolgados del AVE y y en el furgón de cola en el ranking de kilómetros de autovía en las provincias españolas (Soria y Teruel existen y con más tramos de carreteras seguras), de vez en cuando nos da a los riojanos por quejarnos a las autoridades sin demasiadas alharacas. La situación que atraviesa la N-232, pese al desvío de camiones de gran tonelaje, no es de recibo en pleno siglo XXI.

Para viajar a Barcelona, o se paga religiosamente la autopista o se juega uno el cuello circulando por unas carreteras convencionales, atestadas de tráfico y no muy bien conservadas.

Pero, ¿y si se viaja Madrid? La autovía A-12 no termina nunca de llegar a Burgos ni de enlazar con la N-I, pese a las mil y una promesas que se lanzan, desde hace lustros, en periodo electoral. La alternativa Logroño-Madrid por Soria se ha acortado en los últimos años gracias al túnel de Piqueras (construido por exclusivo empeño de los sorianos) y a las autovías que unen la ciudad castellana con la Puerta del Sol. Sin rebasar el límite de velocidad, este tramo se hace en poco más de dos horas.

¿Y el intrincado camino a Soria? Depende de la circulación, aunque con un poco de mala suerte (un camión, un autobús, un turismo lento...), el centenar de kilómetros entre ambas ciudades puede suponer al menos hora y cuarto. Parece difícil plantear una autovía, dada la orografía camerana, pero sería un alivio ensanchar la calzada en algunos tramos, habilitar carriles de adelantamiento o evitar el peligro que conlleva la tensión de verle la matrícula a un vehículo pesado kilómetros y kilómetros.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos