Están cambiando los tiempos

Están cambiando los tiempos
JULIO ARNÁIZ

Que se calienta la tierra, que se derriten los polos, que la cosa esa del clima está muy, pero que muy malamente... es lo que venimos oyendo a todas horas. Antes se nos amenazaba y advertía de que, si no hacíamos esto o lo otro, también lo de más allá y aquello que nos decían los mayores, luego vendría el fin del mundo y de los tiempos todos, el acabose y arderíamos todos en las calderas del infierno. Y todo por nuestra culpa. Ahora ya no se estilan esas admoniciones, costumbres, modos o maneras, que se mueven los tiempos una barbaridad, ya digo. El tiempo, esa es la cuestión, está cambiando. Tanto que hasta Plinio el Viejo ya se escandalizaba hace dos mil años y decía de los jóvenes que no se sabía hasta dónde iban a llegar. Como ahora. Ahora, cuando parece que el mundo es o está del revés, y nadie sabe a qué atenerse cuando hace calor o frío a deshora y de manera improvisada, pues hay tormentas tremendas, inundaciones nunca vistas, mientras nos echamos las manos a la cabeza buscando culpables cuando nos conocemos todos, no parece sino que la cosa no va con nosotros. Entonces, nos preguntamos con estupor ¿a santo de qué tiene que mirarme a mí?, ¿no ve que acabo de llegar?

La cosa esa del cambio, del clima, del calentamiento global; sí, esa de la que tanto hablamos y nadie se considera responsable, según parece, a tenor y al amparo de lo que ya sabemos con precisión, y que ha venido para quedarse ya todo el rato, esa sí que ha sido por nuestra sola culpa. No miremos para atrás ni al vecino de al lado, mientras silbamos con las manos a la espalda o nos rascamos la nariz, sabedores que otros son mucho más pecadores que nosotros, ¡buena va!

Ya digo, debido a ese cambio de ciclo, cambio de los tiempos o como queramos llamarlo, acontecen sucesos varios que nos sumen en honda preocupación. Es entonces cuando nos damos cuenta de que de veras va con nosotros la cosa. Y esa es nuestra señal de alarma, esa que avisa, advierte y amenaza con la pérdida irremisible de todo aquello cuanto fue un día. Aunque fuera en aquellos tiempos de que hablamos, aunque ese ayer que ya fue y que acaso ya no vuelva más, esa preocupación que subyace por encima de toda certeza y de tanta precisión, ella nos ha de reconducir por el camino, tiempo y lugar conforme a la norma. Podríamos decir de la activista sueca Greta Thunberg, sí, esa que ha puesto patas arriba a un sistema que se rige por viejas leyes de la gente mayor, sí, de aquellos que querían llevarnos por lugares y tiempos adecuados. Y viene resultando que, debido a ese cambio de los tiempos, a esa juventud que no se sabe a dónde va a ir a parar, tienen que ser ellos los que, con ese mundo del revés, nos recriminen y reconduzcan por esa senda verdadera, mientras nos sacan los colores que, debido a ese descaro y falta de vergüenza, habíamos perdido tiempo ha. No faltarán aquellos que tachen a la joven Greta de loca, enferma, así como de atreverse a advertir con esa autoridad que da los que todavía no pueden ser responsables de nada, por dónde hemos de comenzar a enmendar esas conductas, habida cuenta de esa dejación de obligaciones que hemos abandonado los que deberíamos ser ejemplo y modelo a seguir y que, debido a que los tiempos están cambiando una barbaridad, también el clima y esa línea que divide y nos indica por dónde se puede y no puede transitar, culpabilizamos a los demás de males propios. De igual modo a como muchos hijos dicen a sus padres que no fumen, o que no corran tanto con el coche, sabedores de que no se va bien por caminos inadecuados, porque temen por su vida... Ya digo, los tiempos ya no son lo que fueron, ni lo serán ya más, y acaso sea el progreso de esa nueva juventud la que nos haga regresar y, al traspasar esa línea que no debimos, volvamos de nuevo por esa senda nueva ya vieja a vivir un nuevo amanecer. Esperemos que así sea...