Por cajones

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FÉLIX CARIÑANOS

De vez en cuando echo un vistazo a algún titular que sobre política riojana publica la prensa escrita. Me ocurre que me atraen más las noticias acerca de los pueblos; es que un servidor nació en uno de ellos. Suelen apenarme un tanto las novedades y comentarios referidos a las zonas despobladas y por despoblar aún más. Por el contrario, me producen incluso gracia las declaraciones o reflexiones que, tanto los políticos de casa que forman el Parlamento riojano como los congresistas y senadores indígenas que pasan bastantes horas en Madrid, emiten acerca de los comportamientos de los distintos gobiernos centralistas para con La Rioja.

Parte de esa gracia me viene porque desde hace bastantes años los gobernantes de esta comunidad autónoma han militado mayoritariamente en las filas de los dos partidos turnantes y, milagrosamente, se ha venido produciendo el maravilloso espectáculo de que, al gobernar el partido propio en los Madriles, la maquinaria riojana afín se silenciaba como muerta ante el escaso caso que hacían hacia esta tierra, mientras que, si gobernaba la contraria, que mostraba un aprecio semejante, los anteriores líderes mudos se convertían en voceros enronquecidos.

Por lo que un servidor lee, ahora hay por aquí quien se queja de que la financiación autonómica es desigual, desleal e insolidaria, algo que viene ocurriendo desde el mismo nacimiento del sistema actual. Algunos afinan más y afirman que estas maniobras económicas tan provechosas se originan de negociaciones bilaterales practicadas con los denominados nacionalistas. Para más inri, tengo entendido que, cuando gobernaba en épocas pretéritas el señor Franco, es decir, el nacionalismo español, algunas de esas mismas zonas nacionalistas y forales de hoy percibían bastante más dinero -mejor trato- que otras regiones de la España de entonces. Si el lector no entiende por qué en la actualidad ocurren situaciones parecidas a aquellas pretéritas, pregúnteles a historiadores, sociólogos y economistas o a Marisol, aquella niña encantadora que bordaba La vida es una tómbola, melodía de título muy acertado todavía hoy.

Yo lo tengo muy claro: los métodos empleados hasta ahora por los representantes riojanos para eliminar esa notoria e insultante desigualdad no han surtido efecto ni van a surtir. No queda otra solución que marchar sobre Madrid; todos los riojanos utilizando todos los medios y vías posibles y apoderándose pacíficamente de la capital de España y de los cajones monetarios de las instituciones. Por cajones, como otros. La noticia portadora de esta asombrosa actitud dará la vuelta al mundo y, ante comportamiento tan singular, el Gobierno, atónito y convencido, no tendrá más camino que conceder a La Rioja igual o mayor financiación que a las comunidades autónomas más florecientes. Tenga usted en cuenta que, al fin y al cabo, así actuaron grandes revolucionarios de la historia contemporánea -Gandhi, Mandela, Gila- y al final acabaron triunfando.

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