BRONCA DE FAMILIA

MANUEL ALCÁNTARA

El modelo de sociedad no le cae bien a todos los que lo prueban. Para unos son estrechos de hombros y para otros de sisas porque la vara de medir depende de los sastres y, como le dijeron a aquel jorobado, «es que usted no tiene cuerpo para llevar chaqueta». Tampoco el Vaticano sabe dónde poner al muerto, que sigue estando omnipresente. Hay desaparecidos que se nos siguen apareciendo en sus ratos libres, mientras la Iglesia tampoco sabe qué hacer con el difunto, que sigue gozando de una excelente salud.

El presidente le ofrece al PP y Ciudadanos negociar los Presupuestos, pero Sánchez sabe que sería un mal negocio. ¿Qué se puede hacer con el cadáver inmorible? Según la vicepresidenta, Carmen Calvo, tampoco la Santa Sede tiene claro dónde debe alojar al difunto, que cada vez exige un hospedaje mayor. En el denominado Valle de los Caídos hay muchas personas que no cayeron en la cuenta de que las guerras civiles duran un siglo, más IVA. Nadie sabe qué hacer con los minúsculos restos del general y la Iglesia tampoco. Por eso le pide al Gobierno dialogar con la familia, que nos contaron que era «el primer núcleo de la sociedad», pero ahora los que se llevan peor son los más afines. Lo que más temen algunos es la crisis con el Vaticano, que no sabe qué hacer con el insurrecto cadáver. La oferta de Pedro Sánchez, que es mejor o peor, es la única que parece razonable. Hay que negociar los Presupuestos para vencer el bloqueo pactado con Podemos. Solo nos falta saber cómo se hace eso, porque tender la mano no es suficiente si el otro la esconde.

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