El 'brexit', más cerca

Theresa May consigue materializar la voluntad de los británicos, pero con condiciones muy moderadas

El Reino Unido y los 27 miembros restantes de la UE firmaron ayer el acuerdo de retirada que estipula las condiciones del divorcio. Theresa May consigue así materializar la voluntad de los británicos expresada en el referéndum de junio de 2016, aunque en condiciones muy moderadas y equilibradas que no agradan a buena parte de los 'brexiters'. Lo acordado contará con el plácet del Parlamento Europeo, pero no está tan claro que logre el visto bueno de Westminster. El requisito clave que ha condicionado el 'brexit' ha sido la necesidad imperiosa de no alzar de nuevo una frontera física entre Irlanda -que permanece en la UE- y el Ulster. No sólo porque así lo establecen los Acuerdos del Viernes Santo, sino porque la sociedad irlandesa no lo admitiría. En consecuencia, el Reino Unido no tendrá más remedio que mantenerse en la unión aduanera con la UE, durante el periodo de transición en principio, pero probablemente de forma indefinida después. El 'brexit' pondrá fin a la libre circulación de personas, pero ello no afectará a los españoles que ya residan en el Reino Unido ni a los británicos en España. Por fortuna, la defección no ha tenido efecto contagio, sino al contrario: la marcha de los británicos, que nunca fueron socios fáciles, ha generado una reafirmación introspectiva de la realidad europea, que adquiere nuevas perspectivas de cooperación e integración y evidencia la solidez de sus estructuras. España, que llegó a la UE después del Reino Unido, se queda tras su salida, con lo que el asunto de Gibraltar está realizando un viaje de ida y vuelta. Y la presión española en el último momento deja el conflicto en la casilla de salida: Madrid ha obtenido garantías de que la UE no pactará con Londres sobre Gibraltar sin la aquiescencia española, y Londres ha aceptado expresamente este punto de vista. A partir de ahí, las relaciones de la Roca con España deben ser equilibradas y fructíferas; y los memorandos ya suscritos ente Londres y Madrid son un buen augurio de un clima fecundo que quizá permita dentro de un tiempo abordar la cuestión clave de la soberanía. Por el momento, el 'brexit' reclama minimizar daños; después, ya construiremos nuevos vínculos sobre las cenizas actuales.

 

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