BILIS

LUIS JAVIER RUIZ - DAÑOS COLATERALES

Debe salir todas las mañanas con un cuchillo, un cúter o un punzón en el bolsillo. Recorre las calles buscando víctimas propicias y como su capacidad intelectual debe ser limitada, se dedica a agujerar las ruedas de los vehículos. Tiene cierta predilección por los verdes. Por lo que sea, deben ser los que más le ponen (hay gente muy rara, oiga). Igual que el lumbreras que hace unos días atacó los neumáticos de una patrulla policial en Vallecas y le pareció tan gracioso que decidió compartir el vídeo en redes sociales con la etiqueta #FelizViernes. Igual, pero en Logroño. Que se sepa, no ha colgado vídeo alguno en Internet. Algún tipo de desconexión neuronal le impedirá saber poco más que dos y dos son cuatro. O ni eso.

Lo que sí sabe es reventar neumáticos. De dos en dos, preferiblemente, para hacer terriblemente engorrosa la búsqueda de una solución: asistencia en carretera, grúa, taller y factura. Entre 15 y 20 euritos la reparación del pinchazo. Pero como el hijoputa, que diría Pérez Reverte, sabe lo que hace, se ha profesionalizado en el tema y redobla el daño buscando 'zonas vitales', esas en las que el navajazo es el certificado de defunción de la rueda. Y claro, llega un momento en el que por muy 'paz y amor' que alguien sea, la bilis fluye y se transforma en un deseo casi lúbrico de encontrarle en plena faena. Como esa familia sudafricana que sorprendió a su vecino frotándose con su gato. 'Cauchofilia' frente a zoofilia.

Como broma no ha estado mal. Seguro que se ha partido el pecho viendo como el coche se alejaba mientras la llanta se acercaba peligrosamente al suelo.

El problema es que un día el conductor no verá el pinchazo, entrará en la autopista y el susto será mayor. Pero claro, al que no le da, no le da. Ni le dará.

 

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