El bilingüismo en los centros educativos

«Respecto a los objetivos, es más realista plantear si conducen a la obtención de una competencia de usuario del inglés o francés en situaciones comunicativas, más que si resultan o no en un bilingüismo equilibrado»

La palabra 'bilingüismo' en relación con el sistema educativo suele provocar de inmediato una cascada de opiniones, generalmente, negativas. Esto se debe en parte a la creencia de que ser bilingüe implica un dominio total de dos lenguas, en cualquier situación de la vida cotidiana ya sea con los amigos y la familia o en ámbitos profesionales. Según esta concepción, una persona bilingüe cambiará de una lengua a otra sin problema alguno, y será capaz de comprender y producir mensajes, independientemente de quiénes sean sus interlocutores, e independientemente también de que la situación sea informal o formal. Esta creencia, bastante arraigada en nuestra sociedad, se basa en una concepción de bilingüismo acuñada a principios del siglo pasado para referirse a la política y planificación lingüística que se aplica a territorios y situaciones de lenguas en contacto; es decir, en situaciones donde dos lenguas coexisten en un país, región, o comunidad, y donde, la mayoría de sus habitantes hablan dos lenguas, adquiridas de forma natural y simultánea en la infancia. Dichas lenguas forman parte del contexto familiar y social y se reconocen como lenguas oficiales o co-oficiales en las instituciones.

Es evidente que el bilingüismo de contacto es el contexto ideal para adquirir dos lenguas de forma natural; sin embargo, en la investigación actual de adquisición de segundas lenguas y en la política lingüística del Consejo de Europa se cuestiona tanto el concepto de 'nativo ideal' como el de 'bilingüe equilibrado'. Se considera que no existe un nativo ideal y que el bilingüismo no presupone que seamos competentes en las dos lenguas en todas las situaciones. Por ejemplo, muchas personas bilingües en español y en inglés entienden y hablan estas lenguas con fluidez y corrección, pero de ningún modo son igual de competentes en las dos lenguas en contextos profesionales. Además, ser competente en una lengua requiere dominar las cuatro destrezas lingüísticas: entender mensajes orales y producirlos, pero también leer y escribir. Incluso, existen investigaciones que prueban que las personas bilingües usan cada lengua en contextos diferentes.

Como consecuencia de la globalización, la apertura de fronteras, la movilidad, los intercambios Erasmus, entre otros aspectos, el dominio de lenguas se ha convertido en necesidad para todos, en especial, para los más jóvenes, puesto que el conocimiento de idiomas trae consigo innumerables beneficios a nivel personal y profesional. En los distintos documentos del Consejo de Europa se apuesta por el bilingüismo y el plurilingüismo educativo y se propone el concepto 'multicompetencia', el cual engloba las distintas lenguas que conoce y es capaz de utilizar a nivel de usuario una persona. Este concepto se concretiza en los niveles del Marco de Referencia para las Lenguas (CEFR), en el cual, no se presupone un mismo nivel en todas las lenguas.

En mi opinión, a la hora de valorar en su justa medida los programas bilingües que se han ido implantando en los centros educativos de nuestra comunidad sería conveniente tener en cuenta si dichos programas siguen las directrices del Consejo de Europa en varios aspectos fundamentales, entre otros: (i) los objetivos a lograr en lo que respecta al desarrollo de competencias y destrezas en inglés o francés, (ii) la competencia y formación del profesorado que impartirá las asignaturas de contenido en la lengua extranjera en los programas bilingües, (iii) el diseño y la planificación sistemática de los programas, y (iv) la evaluación objetiva de sus resultados por parte de especialistas e investigadores en el área de bilingüismo educativo, adquisición y enseñanza de lenguas.

Respecto a los objetivos, es más realista plantear si conducen a la obtención de una competencia de usuario del inglés o francés en situaciones comunicativas, más que si resultan o no en un bilingüismo equilibrado. En una comunidad como la nuestra, en la que el inglés o el francés no es una lengua de contacto, la exposición a la lengua extranjera es por fuerza limitada. Dado que la exposición a la lengua es esencial para desarrollar una buena competencia comunicativa, la utilización de la lengua extranjera como vehículo de aprendizaje de contenidos tiene ciertas ventajas. La primera es que incrementa el tiempo de exposición a la lengua extranjera en educación primaria o secundaria sin necesidad de aumentar el horario escolar. La segunda es que se utiliza la lengua extranjera para aprender algo auténtico y real, la materia de la asignatura, de paso que prepara a los estudiantes para situaciones profesionales en las que tendrán que utilizar lenguas para comunicar información. En cuanto a la competencia y formación del profesorado, es esencial exigir un nivel de competencia lingüística acreditado entre C1 y C2, además de un Máster de formación especializado en enseñanza AICLE.