Aznar y su fantasma

El mundo ha cambiado mucho desde que el expresidente se fue de la Moncloa

JUAN CARLOS VILORIA

Puede ser útil Aznar al PP de Casado? El expresidente réprobo fue recibido por el nuevo jefe de Génova 13 inmediatamente después de hacerse la foto protocolaria con Mariano Rajoy en un gesto que no ha pasado desapercibido pero cuyo alcance real está por ver. Pablo Casado ha utilizado el desagravio de Aznar como banderín de enganche de una militancia nostálgica de los viejos buenos tiempos de la mayoría absoluta, aunque de ahí a recuperar el 'aznarismo' hay un trecho. Es cierto que con José María Aznar una parte de la opinión pública española ha sido especialmente injusta y agresiva. Claro que no se puede echar a Felipe González del poder sin pagar por ello... Si, además, tienes un «rictus de mala leche» como dijo acertadamente 'el Bigotes' en el juicio por 'Gürtel', lo tienes crudo.

Puedes meter a España en el euro, conseguir el mayor crecimiento económico de las últimas décadas, domesticar la derecha ultra, poner a España en el mapa Atlántico, ilegalizar a Herri Batasuna, recuperar la dignidad de las víctimas. Incluso hacer lo que ningún político se había atrevido en la democracia: marcharse voluntariamente. Pero la imagen que prevalece entre buena parte de los votantes (excepto los del PP) es la del fachilla ese que Forges dibujó un día sí y otro también en su viñeta con el bigotito negro; o la foto con Bush en las Azores o la de los pies encima de la mesa en el rancho. O la de la boda del Escorial o cuando 'hundió' el 'Prestige'. Ni siquiera se le perdona que hiciera lo que ahora reclaman los socialistas y sus socios: acercar presos de ETA a Euskadi. El fantasma de Aznar tiene más fuerza que su imagen real. Su capacidad de generar aversión, fobia, antipatía es inagotable. Los jefes de informativos saben que recurrir a meter imágenes o declaraciones de Aznar en el telediario sube la audiencia. Es como el mal tiempo. Siempre funciona en los audímetros.

Sin embargo, ese no es el principal problema para una eventual recuperación del 'aznarismo'. Pablo Casado ha demostrado no tener temor a la etiqueta de extrema derecha que el agit-prop coloca a todo el que defienda la Constitución y la unidad de la nación. El problema es que el legado de Aznar tanto en la defensa de la unidad, de la economía liberal, del reconocimiento a las víctimas ya está en el ADN del centro derecha. Lo que no está es la hoja de ruta para los nuevos problemas de un mundo que ha cambiado mucho desde que Aznar dejó la Moncloa. Ahora se necesitan soluciones imaginativas a problemas complejos. Y aquí el soberbio expresidente de Valladolid no ha aportado prácticamente nada sustancial. Casado tiene que buscar entre sus filas o fuera ayuda para enfocar con criterios nuevos el reto de las migraciones, los desajustes económicos de la globalización y los nuevos desequilibrios internacionales. Ahora, todos los líderes mundiales son nuevos: Trump, Macron, Merkel, Trudeau, Salvini. Y, a esos, Aznar, no los tiene en la agenda.

 

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