123 años de nacionalismo vasco

ENRIQUE PRADAS

Que ETA haya anunciado su disolución es un alivio. Dicen que para alcanzar sus objetivos utilizarán sólo vías políticas: ya no matarán más españoles. Con 855 ha sido suficiente. Así que no estará de más recordar cuáles han sido los «mimbres ideológicos» del nacionalismo que incubó a ETA hace 60 años.

Es de sobra conocido que el nacionalismo (secesionista) vasco surge a finales del siglo XIX apelando a los distintivos raciales, religiosos y lingüísticos de los pobladores autóctonos del País Vasco. Apelando a la raza, el venerado líder del nacionalismo vasco -Sabino Arana (1865-1903)- sostuvo que «etnográficamente hay diferencia entre ser español y ser euskeriano: la raza euskeriana es sustancialmente distinta a la raza española»/ «La fisonomía del bizkaino es inteligente y noble; la del español, inexpresiva y adusta. El bizkaino es nervudo y ágil; el español es flojo y torpe. El bizkaino es inteligente y hábil para toda clase de trabajos; el español es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos. Preguntádselo a cualquier contratista de obras»/ «Si a esa nación latina (España) la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas..., el que España prosperara y se engrandeciera». Así, con cosas así, Sabino fundó el PNV en 1895.

La religión es otra motivación extra para el nacionalismo vasco. Y como muestra, un botón. Tras la proclamación de la República el 14 de abril de 1931, el gobierno republicano-socialista de Azaña promueve distintas reformas, abordando el asunto autonómico y el religioso: se pretende satisfacer, de un lado, las demandas de autonomía regional, y de otro establecer una separación efectiva entre Iglesia y Estado. La política laicista del gobierno de la República es desafiada por las derechas, por el carlismo, y por el nacionalismo vasco, de tal manera que en el proyecto de Estatuto vasco-navarro de junio de 1931, aprobado en Estella por representantes de municipios vasco-navarros, se contempla poder establecer su propio Concordato con la Santa Sede. Que las derechas (católicas y nacionalistas) pretendieran hacer un Concordato propio, como si de un estado se tratara, al margen de la República (española), mereció que el influyente dirigente socialista (y vasco), Indalecio Prieto denunciara el intento de establecer un «Gibraltar vaticanista» en el País Vasco y Navarra. (A nadie debe sorprender el apoyo que el clero ha prestado a la causa del nacionalismo vasco, o que, como se ha dicho, ETA naciera en un seminario. Ahora, los sacerdotes vascos piden perdón por el trato dispensado a las víctimas de ETA. Ahora).

Por último, y por lo que respecta a la lengua vasca, sirva una anécdota personal que solía contar el filósofo Gustavo Bueno. Tras constituirse ETA por parte de integrantes de la rama juvenil del PNV, a finales de 1958, algunos estudiantes próximos a la organización contactaron con él para expresarle su compromiso con la causa del euskera, subrayando que era una de las lenguas más antiguas que se conocen. Probablemente supieran que Bueno era riojano, tierra en la que también se habló en tiempos la lengua vasca, por lo que debieron creer que se sumaría a su causa. No lo consiguieron. Bueno no negaba el valor etnográfico de la lengua vasca, pero de ahí a hacerla lengua vehicular de una sociedad cultural y lingüísticamente plural (como ahora se dice) había un precipicio, máxime cuando el español permitía que cientos de millones de personas en el mundo pudieran entenderse. Para Bueno, los lenguajes no son «señas de identidad», sino tecnologías, y no consideraba nada razonable el entusiasmo de aquellos estudiantes por implantar una lengua tan «antigua». Bueno dijo no.

Ahora se ha disuelto una organización terrorista, sin la cual es muy probable que nadie hubiera tomado en serio nunca las proclamas del nacionalismo vasco. Y después de 123 años, el nacionalismo secesionista sigue ahí, sin ETA, desafiante, como siempre.

 

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