AMENAZAR Y NO DAR

MANUEL ALCÁNTARA

La respuesta está clara, pero lo que sigue siendo difusa es la pregunta. Mientras, 4.500 empresas han huido de Cataluña y el Govern pretende frenar a los Mossos. Cuando las cosas han ido demasiado lejos es imposible alcanzarlas, porque se ha perdido su pista. El desbarajuste catalán es contagioso y ahora estamos en la fase intermedia, que es la que tiene menos mediadores y los Mossos cargan contra los radicales a los que poco antes animaban a «apretar». El CDR dice que el secesionismo no obedece a nadie, quizá porque le sobran amos y le faltan seguidores. Cuando Felipe VI eligió el camino correcto, con gran valor, los españoles, en una mayoría que no sabemos si es justo calificarla de 'inmensa', nos sentimos orgullosos. El monarca no sólo optó por el buen sendero, sino por el único constitucional: la defensa de las leyes que nos rigen a todos.

Los insurrectos vocacionales siguen estorbando mientras se escarnece a la bandera, que es más que un trapo porque se ha convertido en una insignia. Su acierto fue recuperar la ilusión de tener una patria donde cupiéramos todos y eso es lo que ahora está en juego. Desde la Diada del 11 de septiembre, el president de la Generalitat trata de aproximarse al sector del independentismo, que no es únicamente «una manía de primates» y se ha transformado en un arma de destrucción de lo que seguimos llamando patria. El secesionismo está siguiendo su marcha y ahora Quim Torra amenaza a Pedro Sánchez, fiel a su táctica de amagar y no dar. La autodeterminación es el objetivo y lo demás es darle vueltas sin salir del mismo sitio, que ya sabemos que no llega a ninguna parte, pero a muchos les gusta recorrerlo.

 

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