Amenazar y no dar

Ciudadanos ha acreditado a lo largo de la legislatura un magisterio sobresaliente en el arte de la finta, el amago y el requiebro; una habilidad inédita en el juego del amenazar y no dar. A ese empeño llevan los naranjas a los que pone voz Diego Ubis dedicados muchos meses, como si esa nueva política con la que pretendieron asentarse en el mercado se sustanciase en algo tan naif y tan antiguo. La amenaza, es sabido, sólo surte efecto si se sabe gestionar con gran sutileza y no menos cicatería. De lo contrario ocurre lo que le ocurre a Ciudadanos: su discurso no es creíble. El epígono de Rivera en La Rioja anunció ayer lo que cualquier iniciado en la política regional podía sospechar con certeza: Ciudadanos no apoyará los últimos presupuestos autonómicos de la legislatura. Un intento último de escenificar su distanciamiento del PP de Ceniceros, al que, sin embargo, ha dado oxígeno y prestado apoyo suficiente en los últimos tres años para gobernar con una tranquilidad sólo rota ocasionalmente por amenazas siempre incumplidas. En la antesala del año electoral, Ubis ha querido abrir la campaña con un anuncio más efectista que eficaz para demostrar que no hay marca blanca naranja. Su solemne anuncio en la sede legislativa suena a ardiz electoral. Otra estratagema ciertamente naif.

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