Un acuerdo, pero menos

La necesidad de un consenso para salvar la Unión Europea dejó sin respuesta solvente a los inmigrantes que buscan solo vivir

El Consejo Europeo del jueves y viernes logró atenuar las diferencias que afloraban entre los socios de la Unión y en el seno de muchos de ellos ante la migración; pero al precio de no ofrecer una solución efectiva y duradera al desafío más dramático que concierne a los países de la UE. El presidente Pedro Sánchez se mostró especialmente elocuente cuando realzó que la cumbre había logrado lo más importante: se había alcanzado un acuerdo. En realidad se había logrado que los gobiernos más reacios a asumir cuotas de acogida de migrantes y aquellos que se mostraban más combativos al respecto se salieran con la suya, mediante un 'mapa' que carga el problema -porque también es un problema- sobre aquellos socios que se ofrezcan más solidarios. De entrada, la diferenciación entre migrantes que pudieran tener derecho a asilo a causa de conflictos que ponen en riesgo su integridad y migrantes cuya vida se ha visto amenazada por la hambruna y la pobreza extrema resulta siempre discutible. La Unión Europea no puede derivar la fijación de criterios sobre acogida e integración de migrantes a instancias y organizaciones ajenas, que en demasiadas ocasiones se pronuncian de manera equívoca, o discrepando entre ellas. No puede sacudirse sus propias responsabilidades, a pesar de que su asunción comprometa la unidad europea. El Consejo Europeo optó por preservar un mínimo común en cuanto a política migratoria. Pero la necesidad de ese común mínimo para salvar la Unión Europea dejó sin una respuesta solvente y comprometida la imparable afluencia de migrantes que buscan a este lado del Mediterráneo mucho más que una mejora en sus condiciones de vida; buscan vivir, porque es su vida la que han visto en peligro, también durante su largo éxodo. Un éxodo que se vuelve terrorífico para las mujeres que aspiran a dejar atrás una existencia horrorosa. Del mismo modo que la distribución por cuotas de los migrantes país por país quedó en papel mojado, los evasivos enunciados de las conclusiones del Consejo Europeo invitan a que cada socio actúe como quiera a partir de hoy. Ni siquiera el compromiso asumido por el presidente Sánchez, respecto a la disposición española a hacerse cargo de aquellos migrantes que hubieran entrado por nuestro país para llegar a Alemania, constituye un mensaje que involucre moralmente al resto de socios europeos.

 

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