Sánchez e Iglesias acuerdan un Gobierno de «cooperación» sin aclarar en qué consistiría

El líder de Podemos insiste en la entrada de su partido en los ministerios pero el PSOE habla de contar con «referentes»

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

El guión se cumplió casi al milímetro. Pedro Sánchez fue incapaz de mover este martes a Albert Rivera y Pablo Casado de sus posiciones. Ninguno de los dos tiene intención de abstenerse en la sesión de investidura que, como pronto, según fuentes socialistas, podría tener lugar en la segunda semana de julio. En cambio, el presidente del Gobierno en funciones sí encontró una fórmula para seguir negociando con Pablo Iglesias, a pesar de que no ofreció la más mínima garantía de ir a incorporar a Unidas Podemos al Ejecutivo. «Lo importante -dijo el líder de la formación de izquierdas- son los contenidos». De momento.

En el encuentro de hora y cuarto que mantuvieron por la mañana en el Congreso, Sánchez e Iglesias se sirvieron un comodín que les permitió sortear su gran discrepancia, la que puede acabar dinamitando con el tiempo cualquier posible acuerdo. Trabajarán para lograr un «Gobierno de cooperación», aunque ni socialistas ni podemistas sean capaces de explicar qué significan exactamente esas palabras. Para el secretario general de Unidas Podemos implica la entrada de dirigentes de su formación en los ministerios. Para la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, no.

Lo máximo que llegó a aceptar la dirigente, también portavoz socialista en la Cámara baja, fue que se tratará de una fórmula «incluyente, representativa de distintas sensibilidades y con personalidades referentes de distintos ámbitos». Según alegó, los Gobiernos de coalición son «cerrados» y lo que Sánchez tiene en mente, por el contrario, es un concepto «abierto».

El PSOE argumenta que un Ejecutivo de coalición con Unidas Podemos complicaría aún más las posibilidades de éxito de la investidura porque hay eventuales aliados refractarios a ello. En cualquier caso, Lastra insistió en que su deseo es seguir trabajando en la línea iniciada tras la moción de censura de 2018 contra Mariano Rajoy, tras la que Podemos se convirtió en socio fundamental. «Lo que hay -dijo- es voluntad de acuerdo con la izquierda».

Teatrillo

El PSOE evita en esta fase de las negociaciones concretar demasiado. En parte, porque tiene claro que lo que ocurra en las comunidades autónomas, especialmente en Canarias y en Navarra, puede resultar determinante para encajar el puzle nacional y todo está aún muy abierto. En la última semana, Ferraz ha lanzado mensajes muy contradictorios sobre el Ejecutivo navarro. Ahora los dirigentes del PSOE defienden que María Chivite, su líder en la comunidad foral, «tiene toda la legitimidad» para presentarse a la investidura. Pero en privado, insisten en que no les «gusta» la posibilidad de que salga elegida con la abstención de Bildu (lo que además, impediría a Sánchez contar para su reelección con los dos diputados de UPN).

Los avances, si se producen, llegarán en los próximos días gracias a conversaciones discretas -a las que, según Iglesias, ya quedó emplazado ayer con Sánchez-. Pero los encuentros de esta semana tienen más de teatrillo y de ir construyendo un discurso de cara al electorado. En esa clave se enmarcan, por ejemplo, las llamadas a la abstención del PP y Cs. Llamadas que, según Pablo Casado y Albert Rivera, no se llegaron a hacer efectivas durante sus reuniones de ayer con el jefe del Ejecutivo en funciones, pero en las que Lastra insistió durante su segunda comparecencia, ya por la tarde.

La número dos del PSOE, una de las mas fervientes defensoras del 'no es no' a la investidura de Rajoy en 2016 (se abstuvo «por imperativo»), acusó a populares y Ciudadanos de «no darse por enterados del mandato electoral». «Lo que descartamos es que la gobernabilidad dependa de los partidos independentistas y seguiremos apelando a su responsabilidad», adujo. Ese es el poso que los socialistas desean que quede, el de que si finalmente el secesionismo pinta será por culpa de otros.

Rivera, que hace tres años sí estuvo dispuesto a firmar un acuerdo de investidura insuficiente con Sánchez, argumenta (ahora que sus votos sí bastarían por sí solos para formar un Gobierno con el PSOE) que a él los españoles le han mandado «a la oposición», y que ese es el papel que piensa ejercer. «Lo que tiene sentido es que hablen con Podemos o sus socios nacionalistas», alegó. Desde su nueva posición de partido que aspira a ocupar el espacio político en el que hasta hace unos años era hegemónico el PP, sólo prometió, pues, «ser firme frente a las subidas de impuestos y los sablazos» y oponerse «si se quieren dar privilegios a los nacionalistas».

Casado, más suave en las formas, también sostuvo que «lo coherente con el mandato» recibido de los votantes es «liderar España desde la oposición» e igualmente consideró «lógico» que el PSOE busque un acuerdo como el anunciado por la mañana con Unidas Podemos. Pero él sí hizo hincapié en que lo deseable sería que esa alianza se «complete» no con los secesionistas sino con los «regionalistas», esto es, con Compromís, los regionalistas cántabros, Coalición Canaria, el PNV (que ya entraría en la categoría de nacionalista) y UPN, es decir, sus socios navarros. «El PP -remarcó- no va a poner problema».

Además, censuró la amenaza de una repetición electoral lanzada el día anterior por el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos. «Ni al PSOE ni al PP les iría mal, pero sería una irresponsabilidad someter a los ciudadanos al quinto proceso electoral en seis meses», dijo poco después de ofrecer a Sánchez pactos de Estado en asuntos como la violencia de género, Defensa o el Pacto de Toledo.

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