Sánchez choca con los recelos de ERC y PDeCAt a su nueva ofensiva presupuestaria

Quim Torra, a la derecha, y su vicepresidente, Pere Aragonés, en una reunión del gobierno catalán. :: efe/
Quim Torra, a la derecha, y su vicepresidente, Pere Aragonés, en una reunión del gobierno catalán. :: efe

«No funcionamos con amenazas y chantajes», dice Aragonès frente al intento del PSOE de agitar el miedo a Vox

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

El último órdago de Pedro Sánchez se ha topado, de momento y de nuevo, con el muro independentista. En un nuevo giro a su estrategia, el presidente del Gobierno anunció el martes su intención de aprobar y remitir al Congreso los Presupuestos Generales del Estado para 2019 en enero. El pasado 16 de noviembre anunció desde Guatemala que si no tenía garantizado el apoyo suficiente para sacarlos adelante ni siquiera los presentaría ante la Cámara. Por no «marear a los españoles», dijo. Ahora, ha visto en las revueltas sociales de Cataluña y los resultados electorales de Andalucía una ocasión de oro para presionar a Esquerra y el PDeCAT. Pero el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, se mostró ayer poco receptivo: «No funcionamos con amenazas y chantajes».

Las dos principales fuerzas secesionistas de Cataluña llevan semanas avisando al Ejecutivo de que no podrá contar con su ayuda si no cambia la situación de los dirigentes en prisión preventiva a la espera de juicio por su participación en el 'procés'. El gesto de Sánchez a través de la Abogacía del Estado, el pasado 1 de noviembre, no sirvió de nada. Al independentismo el hecho de que ésta acusara de sedición en lugar de rebelión le dejó indiferente y, además, la Fiscalía se mantuvo en su exigencia de penas máximas. Desde hace días, los exconsejeros de la Generalitat Joaquim Forn, Josep Rull, Jordi Turull y el diputado de Junts per Catalunya Jordi Sànchez, están en huelga de hambre.

El jefe del Ejecutivo y el PSOE creen que aún cabe un cambio de postura. La entrada de Vox en el Parlamento de Andalucía y el que la derecha haya logrado superar a la suma de PSOE, Podemos e IU ha sido suficientemente impactante como para temer que algo similar pueda ocurrir en unas generales en caso de adelanto electoral. Es el mensaje que en las últimas semanas trataba de trasladar el PNV a los partidos catalanes. «Difícilmente la situación va a ser más favorable para sus intereses que ahora», esgrimen fuentes de la formación nacionalista.

El Gobierno sostiene ahora que, aunque fracase, el presidente demostrará que tiene la iniciativa

Por otro lado, en el proyecto del Gobierno se contemplan ya 2.000 millones de euros más para Cataluña e inversiones en políticas sociales, algo no desdeñable para un Ejecutivo que tiene a los colectivos más vinculados con los servicios sociales (sanidad, educación, bomberos...) en pie de guerra.

«No ha cambiado nada»

Lo cierto es que tanto Aragonès como el diputado de Esquerra en el Congreso, Gabriel Rufián, desdeñaron esos factores. En una entrevista en Ràdio 4, el vicepresidente de la Generalitat avisó ayer de que si el Gobierno «no se mueve» en las cuestiones que afectan a la autodeterminación y los presos no podrá contar con su formación. El portavoz adjunto de su grupo parlamentario insistió: «No ha cambiado nada, nosotros hacemos la misma pregunta a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias, qué harían ellos si tuvieran a sus compañeros en la cárcel o en el exilio. No hay partidas presupuestarias suficientes para pagar la dignidad de nuestros compañeros».

El portavoz del PDeCAT en la comisión de Economía, Ferran Bel, fue algo menos tajante, pero también vinculó su posición a un asunto que poco tiene que ver con las cuentas públicas, y reclamó a Sánchez que ponga sobre la mesa una propuesta política «razonable» para el futuro de Cataluña que no se limite a la negociación de un nuevo estatuto de autonomía. «Si hay propuesta, y entendemos que no está cerrada, podemos negociar. Pero si la propuesta es un Estatuto para que se refrende por los catalanes y luego sea cercenado por el Tribunal Constitucional, no», dijo en un desayuno informativo con la ministra de Economía, Nadia Calviño.

Sánchez admitió el martes en Telecinco que si esta apuesta no le sale tendrá que «replantearse muchas cosas». Es decir, que su intención de agotar la legislatura o aguantarla hasta otoño, se vería comprometida. Pero también trató de asentar la idea de que si los partidos que apoyaron la moción de censura provocan la caída del Gobierno, cortan el paso a unos presupuestos de tinte social y abren camino a un Ejecutivo de derechas «van a tener que explicarlo». Esas son sus cartas. En la Moncloa alegan ahora que, al menos, demostrará que tiene la iniciativa y que no depende de «mareos» ajenos.

 

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