Sánchez busca una entente con Merkel y Macron para su estreno ante la UE

Sánchez y Juncker posan para los medios en una reunión en Bruselas en octubre de 2017. :: A. Belot / afp/
Sánchez y Juncker posan para los medios en una reunión en Bruselas en octubre de 2017. :: A. Belot / afp

El presidente del Gobierno asiste a su primera cumbre en plena crisis por las diferencias de los Estados en la política migratoria común

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

Pedro Sánchez tiene la ocasión de demostrar en los próximos días cuál es el papel que quiere desempeñar en la conformación de la política de la UE y hasta qué punto está dispuesto a intentar que la voz de España se oiga en Europa. Pero ha decidido empezar fuerte. Mañana abrirá, con un viaje a París y un encuentro con el presidente francés, Manuel Macron, una breve pero significativa gira que le llevará a reunirse el martes con Angela Merkel en Berlín y el lunes 2 de julio con el primer ministro de Portugal, António Costa. Entre medias, participará en el Consejo Europeo del viernes y jueves próximos y antes en el encuentro informal convocado a petición de la canciller alemana por el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker.

Las citas tendrán poco de protocolario. El secretario general del PSOE ha llegado a la Presidencia del Gobierno en un momento de gran importancia para el futuro de la Unión Europea. Y lo urgente, ahora, es el debate sobre la política de asilo y la política migratoria. Los ánimos no pueden estar más caldeados. Eso explica, precisamente, que Juncker haya querido celebrar este domingo un encuentro con los países más afectados por los flujos de migrantes -entre ellos, Francia, Alemania, España, Italia, Grecia, Bulgaria, Austria y Malta- para intentar llegar a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la semana próxima con parte del trabajo hecho. Pero no será fácil.

El Consejo Europeo del 28 y 29 de junio estaba llamado a revisar el sistema Dublín, que establece qué país es el competente para tramitar las solicitudes de asilo, y a dotar a la UE de un mecanismo permanente para responder a crisis como la que se vivió en 2015 con la llegada de cerca de un millón de personas procedentes, en buena medida, de Siria. Pero las graves discrepancias entre distintos Estados, visibilizadas hace unos días en el Consejo de ministros de Interior celebrado en Luxemburgo, amenazan con hacerlo imposible. Lo que está en cuestión no es sólo la política de asilo (es decir, la atención a los refugiados que huyen de guerras y persecuciones) sino la política migratoria en su conjunto.

El Gobierno austriaco, de conservadores y ultraderecha, asumirá el 1 de julio la presidencia rotatoria de la UE y se ha marcado como prioridad ser más duro. Hace unos días, su canciller, Sebastian Kurz, anunció su intención de crear un frente antiinmigración Berlín-Viena-Roma aprovechando la brecha que se la ha abierto a Merkel en esta materia con su ministro del Interior, el líder de la bávara CSU, Horst Seehofer.

Del gesto a la acción

Sánchez aspira a formar parte de otro eje, «más moderado», con la propia canciller alemana y Macron. Se trata, dicen fuentes socialistas, de pasar a la acción tras la simbólica decisión de ofrecer España como puerto de llegada del barco 'Aquarius' ante la negativa de Italia y Malta de hacerse cargo de las más de 600 personas rescatadas frente a la costa de Libia. «Hemos hecho un gesto ante una emergencia humanitaria, pero un gesto no resuelve el problema. Francia, Alemania y España tienen que presionar para que haya una solución europea; tiene que haber una política de control de fronteras pero también de reparto de los que llegan», remarcan desde el grupo socialista en el Parlamento comunitario.

Una de las propuestas que estudia la UE -que ya en 2015 llegó a un polémico acuerdo con Turquía, y luego con Libia, para frenar la llegada de migrantes a cambio de ayudas económicas- es la creación de «plataformas regionales de desembarco» fuera del bloque para clasificar como refugiados o no a las personas que sean rescatadas en el mar antes de que entren en suelo europeo, según un primer borrador avanzado por AFP. El ministro de Exteriores, Josep Borrell, cree que es una opción digna de análisis. «Depende de cómo se haga, puede contribuir a controlar unos flujos que van a ir en aumento; lo que no podemos hacer es no hacer nada», argumentó ayer en la cadena Ser.

Esta cuestión será, sin embargo, un elemento de tensión entre el PSOE y Podemos. No en vano, Pablo Iglesias ya ha reclamado a Sánchez que la rechace por tratarse de una «medida insolidaria y contraria al derecho humanitario».

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