Sánchez aplaza la batalla por el control del PSOE andaluz hasta que haya nuevo Gobierno

Sánchez, con Ábalos y Cristina Narbona a su izquierda, y Adriana Lastra a su derecha, presidió ayer la ejecutiva federal del PSOE. :: E. N. / efe/
Sánchez, con Ábalos y Cristina Narbona a su izquierda, y Adriana Lastra a su derecha, presidió ayer la ejecutiva federal del PSOE. :: E. N. / efe

La dirección del partido asume ahora que Susana Díaz se irá y las cosas «caerán por su propio peso» si no logra un pacto para la investidura

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

La dirección del PSOE baja el pistón. Un día después de destapar la caja de los truenos al insinuar que Susana Díaz debería dimitir en caso de no lograr mantener la presidencia de la Junta de Andalucía, el secretario de Organización, José Luis Ábalos, paró en seco. «Abrir un frente interno en este momento no tiene sentido», admiten fuentes de la ejecutiva. Las palabras del número tres del partido no habían sentado bien a los socialistas andaluces y tampoco a la propia presidenta en funciones. Es más, dieron pie a un cruce de acusaciones sobre la responsabilidad de la debacle en los comicios del domingo. A apenas seis meses para las elecciones europeas, municipales y de trece autonomías, el partido no se podía permitir volver a entrar en ebullición.

En realidad, existen no pocos elementos para pensar que lo único que hace Ferraz ahora es aplazar la batalla por el control del PSOE-A, una federación hasta ahora mayoritariamente contraria al 'sanchismo'. En el núcleo del partido han llegado a la conclusión de que no tienen ninguna necesidad de desgastarse innecesariamente, y de dar con ello la imagen de que vuelven a las andadas de una guerra cainita que tan pocos beneficios les ha reportado hasta ahora, porque las cosas, dicen, «caerán por su propio peso» si Díaz fracasa en el intento de volver a ser investida presidenta de la Junta.

El PSOE andaluz y el grupo parlamentario salido de las urnas el domingo está hecho a la horma de Susana Díaz, pero en el entorno del presidente del Gobierno creen que el apego a la aún presidenta en funciones se disolverá como un azucarillo. «Su poder -dicen- es el de quien tiene la capacidad de firmar nombramientos desde el Ejecutivo». Perdido eso, dan por sentado que lo habrá perdido todo. Pedro Sánchez, de todos modos, ofreció anoche en una entrevista en Telecinco su apoyo público a la presidenta derrotada: «Susana Díaz tiene mi apoyo para intentar, hasta las ultimas consecuencias, ser la presidenta de Andalucía».

El Gobierno no ha hecho aún un análisis profundo de la debacle pero rechaza vincularla a su relación con el independentismo

Pero el planteamiento que ahora prima en la ejecutiva federal es el de que no habrá que esperar demasiado. El 27 de diciembre se constituye la Mesa del Parlamento autonómico y, para entonces, auguran, ya se sabrá cuáles son las posibilidades de Díaz para retener el poder, 'a priori' muy limitadas. Si PP, Ciudadanos y Vox llegan a un pacto para nombrar al presidente de la Cámara, no habrá nada que hacer. Así que Sánchez ha decidido sentarse a esperar. «No es que hayamos cambiado el discurso, es una cuestión de gestión de los tiempos», dicen sus principales colaboradores.

Proyecto agotado

El presidente del Gobierno fue tajante ayer en la primera reunión con su ejecutiva desde que los andaluces emitieron su voto, ya que el lunes se econtraba en Katowice (Polonia) en la cumbre del clima: «En Andalucía -dijo, según fuentes de la reunión- hay un proyecto político agotado». De momento, ese ha sido todo el análisis de lo acontecido en la jornada electoral.

En Ferraz admiten que hacen falta estudios más profundos y que los habrá, pero de momento ni Sánchez ni su equipo admiten lo que ya dejó caer ayer Susana Díaz en una entrevista en la cadena Ser y lo que más abiertamente sostienen algunos de sus fieles, que ha sido el «flirteo» del Gobierno con el independentismo el principal causante de la debacle socialista y de la irrupción de Vox. Es más, dan por hecho que si la dirigente andaluza hubiera permitido una mayor presencia de miembros del Gobierno o la ejecutiva federal defendiendo su postura, otro gallo habría cantado y la acusan de haber liderado «una campaña muy mala».

En público, por ahora, en todo caso, harán hincapié en que ella ha sido pese a todo la ganadora de las elecciones y que se le debe dejar gobernar. Intentan asi rebajar la tensión que provocaron dos advertencias de Ábalos del lunes: la de que el papel que juega cada uno en el partido «está siempre subordinado al éxito del proyecto político» y la de que la dirección se va a «implicar absolutamente» para contribuir a la «necesaria regeneración» del proyecto en Andalucía.

«Se regenera aquello que está degenerado y yo lidero un partido decente, honesto y trabajador, que ha tenido la confianza de más de un millón de andaluces», replicó ayer Díaz, visiblemente indignada. Ábalos se mostró dispuesto a cambiar el término «regeneración» por «renovación». Pero nada más.

 

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