Un repunte migratorio que no llega a crisis

Un grupo de migrantes espera a desembarcar en Algeciras. :: efe/
Un grupo de migrantes espera a desembarcar en Algeciras. :: efe

El cierre de los puertos italianos y el acuerdo con Turquía han convertido a España en la principal puerta de entrada en la UE Pese al incremento de las llegadas, Europa se encuentra muy lejos de los niveles registrados en 2015

ANDER AZPIROZ MADRID.

Desde el pasado junio, España se ha convertido en la principal ruta de migrantes que intentan alcanzar Europa por mar. Supera a Italia, cuyos puertos ha cerrado con candado su ministro del Interior Matteo Salvini, y a Grecia, que ha visto reducida de forma drástica las llegadas a sus islas del Egeo tras el controvertido acuerdo entre la Unión Europea y Turquía. Los últimos datos de la Organización Internacional para la Migración de Naciones Unidas señalan que, desde el 1 de enero al 29 de julio, han arribado a España a través del Mediterráneo 22.858 personas, 1.195 más que las contabilizadas en todo 2017. Según las cifras de la ONU, al menos 307 migrantes han perecido ahogados en el intento, por los 223 que lo hicieron a lo largo del pasado año. Datos como estos explican que el CIS publicado el pasado jueves refleje que la preocupación por la inmigración se ha triplicado en apenas un mes entre los ciudadanos.

El gran número de llegadas, que ha continuado este fin de semana, ha colapsado el sistema de acogida y obligado a tomar decisiones de urgencia. En paralelo, se ha recrudecido la guerra política. El Gobierno acusa al anterior Ejecutivo de Mariano Rajoy de no haber tomado medidas ante una situación previsible, mientras que PP y Ciudadanos denuncian un 'efecto llamada' que habrían producido la acogida del 'Aquarius' o el anuncio de la retirada de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla.

¿Existe el efecto llamada sobre el que alertan Pablo Casado y Albert Rivera? Para el Gobierno socialista, no. Tampoco para Carlos Arce, coordinador de migraciones de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA). «No sé que es más peligroso, que quienes dicen que existe un efecto llamada sepan que es falso y aun así lo digan por interés político o que no sepan que están equivocados y estemos en manos de unos indocumentados», afirma Arce. Ramiro Muñiz, portavoz de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), tampoco cree que el 'Aquarius' o el cambio de Gobierno hayan supuesto un cambio en el flujo migratorio. «En España -señala- se ha registrado un pequeño incremento de llegadas pero viene de un año atrás».

El cooperante de la APDHA va más allá y zanja que tampoco estamos ante una nueva crisis migratoria. Se remite a los números. En 2015 llegaron a la UE un millón de personas, en 2018 se prevé que lo hagan unas 100.000. En lo que respecta a España, las personas que han llegado a las costas españolas son un 45% menos de las que lo hicieron en la 'crisis de los cayucos' de 2006. No obstante, el incremento del número de migrantes en España con respecto a los años precedentes es innegable. El Ejecutivo busca soluciones para paliar el problema en dos frentes exteriores.

Unión Europea

«Cuando un migrante llega a la playa de Tarifa no está pisando España, sino la Unión Europea», recordó Pedro Sánchez el viernes. Ésta es una realidad sobre el papel sobre la que los socios del sur no se han cansado de insistir desde que estalló la crisis migratoria en 2015. Las instituciones comunitarias son sensibles a esta reclamación, pero la mayoría de los países del este no quieren oír hablar de involucrarse en soluciones globales. España cuenta con la comprensión de Emmanuel Macron y Angela Merkel. También con la de Jean-Claude Juncker. El presidente de la Comisión Europea recordó esta semana que los «fondos son limitados», aunque el jueves anunció por teléfono al jefe del Ejecutivo el desbloqueo de 55 millones de euros presupuestados para mejorar el control fronterizo en Túnez y Marruecos. No obstante, se trata de una victoria pírrica para Madrid, que reclama una mayor implicación europea a todos los niveles. La voluntad de Bruselas es conseguir más fondos, tal y como reclama España. La cuestión es quién está dispuesto a rascarse el bolsillo.

África

Los ministerios de Trabajo y Migraciones, Exteriores e Interior han multiplicado los contactos con los países de origen y tránsito. De entre ellos destaca Marruecos, la clave de bóveda para España mientras que no se logre mejorar la calidad de vida en los países del África subsahariana, única solución para frenar el flujo de personas desde estos países. Sánchez aún no ha visitado el país vecino, aunque si lo han hecho los ministros Josep Borrell y Fernando Grande-Marlaska o, incluso, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Todos ellos han mediado para que Marruecos se aplique a fondo en el control migratorio.

Pero Rabat está celosa a cuenta del acuerdo cerrado por la UE para que Turquía retenga a los migrantes en su territorio. Ankara recibe a cambio 3.000 millones de euros, una cifra muy superior a los 27 millones que Bruselas se ha comprometido esta semana a entregar a Marruecos. «Nosotros como país -dijo el jueves el portavoz del Ejecutivo marroquí, Mustafa Jalfi- estamos haciendo solos grandes sacrificios con nuestras posibilidades. Las cifras que circulan sobre el apoyo financiero de la UE no llegan al nivel del volumen de nuestro esfuerzo y de los sacrificios que realizamos». Suavizar la vigilancia de las salidas es una de las herramientas con las que Rabat presiona a Bruselas para que saque la chequera.

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