Rajoy, el resistente tranquilo

A veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión", la frase de Rajoy bien puede resumir su filosofía política. El hombre que hizo virtud de la espera, de medir los tiempos, que no corria, que andaba rápido. Llegó así casi sin inmutarse, paso a paso hasta la presidencia del Gobierno. Gallego, registrador de la propiedad, lo ha sido todo en el PP. Y le ha pasado de todo, accidente de helicoptero incluido. Perdió dos elecciones y varias veces lo intentaron levantar de la silla pero siempre acabó resistiendo. Y a base de aguantar, sentado, veía pasar los cadaveres de sus adversarios políticos por la puerta de su casa. Se va con la idea de que se enfrentó a dos grandes desafíos. El económico que atajó con recortes drásticas y subida de impuestos y en el que pese a las presiones se resistió al rescate del estado español. Y el desafío soberanista. A pesar de controvertidas decisiones como la intervención policial el 1-O, aguantó, y evitó actuar hasta última hora. Y entonces también resistió pero perdiendo la mayoría... Fue el primer vencedor de unas elecciones en rechazar una investidura, de sobrevivir casi un año con un gobierno en funciones y de paso abrir una guerra civil en el PSOE. Todo sin mover un dedo. Rajoy el hombre que se presentaba como un tipo normal, el de las frases celebres, y las amistades peligorosas. El de las comparencencias via plasma. El de relativizar los multiples casos de corrupción. Y el de "sé fuerte" a Barcenas. Acabó siendo el primer presidente en activo en declarar en un juicio como testigo en un caso de corrupción. Aún así nada parecía hacerle mella. El halo de invecibilidad saltó por los aires ayer, al político del sentido común, de dejar pasar el tiempo se le agotaron los recursos. Cayó esperando una solución que nunca llegó.