El protagonismo fugaz de don Juan Carlos

El protagonismo fugaz  de don Juan Carlos

Cuatro reyes, una heredera y 16 presidentes dan lustre a la ceremonia en el Congreso

R. GORRIARÁN MADRID.

Pocas veces ha tenido el Congreso tal concentración de autoridades por metro cuadrado. Cuatro reyes, Felipe VI, Letizia, Juan Carlos I y Sofía; cinco presidentes, el actual y sus cuatro antecesores; y once gobernantes de comunidades autónomas se sentaron en el hemiciclo de la Cámara para una ceremonia que supuso dar otro paso en lides políticas a la princesa Leonor y a la infanta Sofía.

Pero si este 6 de diciembre había un protagonista ese era el Rey emérito. Todavía colea su inexplicable postergación en el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas. Aunque el verdadero morbo de la reaparición radicaba en que era su primer acto con la Casa del Rey desde que aparecieron las polémicas grabaciones del excomisario Villarejo a Corinna Larsen, en las que se destapaban supuestos negocios turbios de don Juan Carlos.

El padre de Felipe VI ocupó un lugar preferente en el hemiciclo junto a doña Sofía, flanqueado por los expresidente del Gobierno y los tres 'padres' vivos de la Constitución. El Rey mencionó una vez su nombre y fue premiado con una ovación de los presentes, aplauso que subió de decibelios cuando la citada fue doña Sofía.

Tras la ceremonia, don Juan Carlos, como el resto, se trasladó al Salón de Pasos Perdidos, donde departió con brevedad con algunos de los asistentes hasta que llegaron dos miembros del equipo de seguridad de la Zarzuela que con rapidez se lo llevaron. Sus dificultades para moverse por sus problemas de cadera y el cansancio que le supone estar de pie, aconsejó que no se quedara a la recepción. Mientras estuvo en el Congreso habló en varias ocasiones con el Rey, y rara vez con doña Sofía, pero se le veía incómodo consigo mismo.

Sin aplausos

Si don Juan Carlos fue ovacionado, más lo fueron Felipe VI, doña Letizia y sus dos hijas. Salvo por los diputados de Podemos, que a su llegada al salón de plenos y tras el discurso evitaron el aplauso. Se pusieron de pie con respeto y lucieron un pin morado en la solapa para exteriorizar su republicanismo.

Otro protagonista de la mañana fue Mariano Rajoy, que volvió al Congreso tras la moción de censura que acabó con su mandato en junio pasado. Acaparó más interés que cuando era presidente y hasta había cola para hablar o hacerse una foto con él. Ninguno de los colegas que le antecedieron en la Moncloa despertó tanto interés. Eso sí, de política, ni mú. Ya solo es registrador y paseante por la Casa de Campo.

Felipe González se fue enseguida, como José María Aznar, que departió un rato con Rodolfo Martín Villa. José Luis Rodríguez Zapatero, en cambio, estaba en su salsa. Habló con todo el mundo, hizo declaraciones a la prensa, se sacó fotos con quien se lo pidió, y solo se marchó cuando casi sacaban las escobas.

Todos los que se iban, lo hacían por la puerta de atrás del Congreso, así evitaban el acceso principal porque por allí unos centenares de personas increpaban a todo el que salía. Entre los insultos reproducibles, «trincones, aprovechateguis, vividores o chorizos», junto a algún apelativo chirriante, «masones (??)».

Pero el que se llevó la palma fue Pedro Sánchez. Obligado a recibir y despedir a los Reyes en la puerta principal, tuvo que escuchar un concierto de pitos y gritos de «¡fuera!» y «Sánchez desocupa».

 

Fotos

Vídeos