Los migrantes esperan en los campamentos su oportunidad

El campamento de Moria, en la isla de Lesbos, tiene capacidad para 2.500 personas pero alberga a 7.000

A. AZPIROZ

madrid. España dejó de acoger desde septiembre de 2015 al mismo mes de 2017 a cerca de 17.000 solicitantes de asilo que podrían haber abandonado los campos de refugiados de Grecia e Italia, en los que las condiciones pueden llegar a ser «infrahumanas».

Ana Rosado, cooperante de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), visitó el pasado mayo la isla griega de Lesbos, próxima a las costas de Turquía y uno de los lugares más habituales de llegada a Europa de las personas que huyen de guerras como las de Siria, Irak o Afganistán. En Lesbos se levanta el campamento de Moria, gestionado por el ejército heleno y del que los migrantes no pueden salir antes de recibir una cita para tramitar una solicitud de asilo. Según explica la cooperante, Moria tiene una capacidad máxima para 2.500 personas pero allí malviven hacinadas hasta 7.000. Hombres, mujeres y niños duermen en casas prefabricadas o tiendas de campaña y tienen a su disposición solo 100 aseos.

Existen problemas de todo tipo. «En Moria hay tan solo dos enfermerías y ni siquiera disponen de agua corriente», denuncia el sindicato de personal sanitario y administrativo de los hospitales públicos griegos, que define el lugar como un «campo de minas higiénico». Rosado solo pudo ver el campamento desde fuera al no estar permitida la entrada. «Es como un campo de concentración, con sus torres y todo», describe. También destaca que en su interior no se prestan servicios jurídicos ni hay traductores, lo que sume a los residentes en la incertidumbre sobre su futuro. Las peleas entre las distintas nacionalidades son algo rutinario.

En Lesbos se levantan otros campamentos a los que pueden acudir los migrantes una vez se comienza a tramitar su solicitud de asilo, la misma que a 17.000 de ellos le hubiera permitido viajar a España de haber cumplido el Gobierno de Madrid su compromiso con la Comisión Europea. Uno de ellos el de Pikpa, gestionado por la organización Lesvos Solidarity. Allí los cooperantes tratan de que los refugiados vivan en un ambiente de «seminormalidad», lo que incluye impartir clases de griego e ingles o que los niños vayan a la escuela. Pero el Ejecutivo de Atenas amenaza ahora cerrar este campamento por la supuesta falta de higiene en su cocina, según consideró un inspector.

En la isla helena los migrantes esperan que les den una oportunidad para rehacer sus vidas en Europa, continua la cooperante. Lo hace por ejemplo un joven de Camerún, que cruzó buena parte de África y después de Turquía a Grecia porque en su país se sentía condenado a muerte o a la pobreza, pero en «Lesbos ahora se sienten igual».

Rosado lo tiene claro. No comprende cómo los europeos pueden dormir tranquilos con miles de personas viviendo en campos de refugiados. Este miércoles el Tribunal Supremo dio la orden de que al menos 17.000 de ellos tengan la oportunidad de empezar de nuevo en España.

LA CIFRA

17.000 Es el número de solicitudes de asilo que el Supremo obliga a tramitar al Gobierno socialista en los campos de Grecia e Italia.

 

Fotos

Vídeos