Con los 'Jordis' empezó todo

Cuixart y Sànchez, subidos a un vehículo de la Guardia Civil durante el asedio a la Consejería de Economía./R.C.
Cuixart y Sànchez, subidos a un vehículo de la Guardia Civil durante el asedio a la Consejería de Economía. / R.C.

Sànchez y Cuixart entraron en prisión hace un año tras liderar el cerco a la comisión judicial contra los organizadores del 1-O

Mateo Balín
MATEO BALÍNMadrid

«El Estado asalta las instituciones propias y llegará hasta donde le dejemos. Vivir en democracia en Cataluña está en nuestras manos». «Atención, todos a Rambla Cataluña con Gran Vía. La democracia se defiende en la calle. Recordad, serena y pacíficamente. Coraje». Estos mensajes fueron enviados entre las 8:28 y las 8:59 de la mañana del 20 de septiembre de 2017 en Twitter por Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural. Así amanecía aquel último día de verano la cuenta personal del ahora procesado en el Tribunal Supremo por un delito de rebelión, que este martes cumple un año en prisión preventiva en el módulo «de participación y convivencia» del centro penitenciario de Lledoners, a 70 kilómetros de Barcelona.

El llamamiento de Cuixart se producía como respuesta a los registros ordenados poco antes por el Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona en varios edificios y sedes de la Generalitat, dentro de la denominada 'operación Anubis' contra los organizadores del referéndum del 1-O, que se saldó con 14 detenidos.

De forma paralela, la otra gran entidad civil independentista, Asamblea Nacional Catalana (ANC), se sumaba a la llamada de Òmnium con mensajes desde su cuenta oficial: «Llamamiento a la concentración en la sede de la Secretaría General de Vicepresidencia de Economía y Hacienda en defensa de nuestras instituciones». Una algarada a la que sumó su voz el otro Jordi del 'procés', Jordi Sànchez, entonces presidente de ANC y en prisión preventiva desde hace un año junto a su colega Cuixart. «Nosotros queremos votar; ellos han declarado la guerra. Salimos a defender las instituciones pacíficamente. Todos a Gran Vía con Rambla Cataluña, delante del departamento de Economía», clamó Sànchez el 20-S.

La capacidad de los 'Jordis' «de impulsar una masa de fuerza que hiciera frente a la obligación policial de impedir el referéndum ilegal», según el juez del Supremo Pablo Llarena, instructor del 'procés', fue más que evidente y quedó recogida en los informes policiales que maduraron horas después la denuncia presentada por la Fiscalía de la Audiencia Nacional por estos hechos, calificados como un delito de sedición (a quienes se alcen pública y tumultuariamente para impedir por la fuerza la aplicación de las leyes). Aunque en el Supremo pasarían a englobarse dentro de la rebelión.

«Comité estratégico»

Las manifestaciones «tumultuarias» frente a la consejería dirigida por Oriol Junqueras, donde fue detenido su número dos, Josep María Jové, congregaron «a entre 40.000 y 60.000 personas, que impidieron a la comisión judicial abandonar el edificio una vez finalizado el registro» -la secretaria judicial tuvo que hacerlo de madrugada por la azotea- y los daños de los tres vehículos de la Guardia Civil que les trasladaron ascendieron a 135.000 euros.

Finalmente, sobre las 24:00 horas del 20 de septiembre, subidos en un patrol del instituto armado, Cuixart y Sànchez hicieron un llamamiento para disolver la concentración, que no tenía autorización previa, pero clamaron en favor de la movilización permanente en apoyo del referéndum a partir del día siguiente.

La preeminencia de ambos quedó además patente en la documentación intervenida en el despacho de Jové, la famosa hoja de ruta para alcanzar la desconexión de Cataluña, que constituye unas de las principales pruebas de cargo de la Fiscalía en el próximo juicio que se celebrará en el Supremo. Este documento señala la formación de un «comité estratégico» que tiene la función de orientar y dirigir la implantación de un plan que implique la movilización de recursos humanos y financieros. A este órgano pertenecían los 'Jordis', auténtico brazo civil del independentismo que con su llamamiento en redes sociales aquella mañana del 20-S pusieron el punto de partida del 'procés' judicial.

La ANC y Ómnium trasladan la fractura del independentismo a la sociedad civil

CRISTIAN REINO | Barcelona

Durante los años dorados del 'procés', en los que cientos de miles de personas llenaban las calles en las manifestaciones independentistas del 11-S, la ANC y Ómnium Cultural actuaban como una única voz. Eran dos lobis secesionistas que empujaban como un único ariete al Gobierno catalán para que se encaminara hacia la desobediencia, primero con la consulta del 9-N, luego con el referéndum ilegal del 1-O y al final con la declaración de independencia.

Sin embargo, ya hace tiempo que las dos entidades soberanistas, que han ejercido de motor movilizador en el desafío independentista, mantienen posiciones discrepantes y hasta en alguna ocasión han dejado de acudir juntas a una convocatoria de protesta. Con el ingreso de sus líderes en prisión y el obligado relevo en las cúpulas, estas diferencias han ido a más, casi en paralelo con la fractura que se ha producido en el independentismo institucional, entre JxCat y Esquerra en la Cámara catalana. En la sociedad civil, como en los partidos, hay dos visiones sobre cómo afrontar la actual etapa de postproceso y sobre cómo avanzar hacia la independencia.

La ANC ha cogido la bandera de la radicalidad (ante el temor de que los CDR acaben convirtiéndose en los referentes del secesionismo en la calle), insiste en la vía unilateral y tiene mucha prisa. Hace una semana lanzó un ultimátum a Quim Torra: o fija una hoja de ruta clara y meridiana sobre cómo piensa hacer efectiva la república antes del 21 de diciembre o la Asamblea pedirá elecciones. La poderosa ANC, que llegó a situar a Carme Forcadell como presidenta de la Cámara catalana y no estuvo lejos de que Jordi Sànchez fuera investido presidente de la Generalitat, presiona con todo.

Casi al instante, Ómnium se desmarcó de la vía rupturista de sus hasta ahora compañeros de pancarta. La entidad cultural, que ve ahora cómo uno de sus expresidentes (Quim Torra) lleva las riendas del Gobierno catalán, asegura que no está para marcar la estrategia de la Generalitat, sino para generar consensos en el soberanismo, según afirmó el vicepresidente de Ómnium, Marcel Mauri. Esta plataforma, como Esquerra, defiende que es necesario ampliar la base del secesionismo y aboga por la celebración de un referéndum pactado. Es la vía escocesa del independentismo, que se aparta de la vía unilateral. La que plantean Puigdemont, Torra, la ANC y la CUP y los CDR en su grado aún más radical.

Eso sí, la Asamblea no tiene obligaciones de gobierno y se permite elaborar hojas de ruta irrealizables. Además del ultimátum, la entidad presidida por Elisenda Paluzie, que amenaza con dejar el activismo para entrar de lleno en la política presentándose a las elecciones, exige al presidente de la Generalitat que revalide la declaración unilateral de independencia, libere a los presos y active un plan para el control del territorio tras la proclamación de la república. Ómnium, en cambio, lleva meses replanteando sus posiciones y queriendo regresar al ámbito del activismo cultural, donde se ha movido desde su nacimiento en los años 60. La ANC, en cambio, nació con el proceso soberanista y afirma que dejará de existir el día que Cataluña sea independiente.

 

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