Iglesias ensaya con Sánchez un futuro Gobierno de coalición

Sánchez e Iglesias 
se dan la mano 
tras firmar el viernes 
su acuerdo sobre los 
Presupuestos. 
:: zipi / efe/
Sánchez e Iglesias se dan la mano tras firmar el viernes su acuerdo sobre los Presupuestos. :: zipi / efe

El acuerdo presupuestario alcanzado el jueves dibuja un escenario de colaboración con el PSOE en el que Podemos pretende ejercer de 'Pepito Grillo' para evitar ser fagocitado

PAULA DE LAS HERAS

Las cosas no han resultado como soñaba Pablo Iglesias cuando en 2014 Podemos irrumpió en la escena política de España de la forma más inesperada. No hubo asalto a los cielos y tampoco 'sorpasso' al PSOE. El líder que pretendía representar a «los de abajo» ha cambiado su modesto piso en Vallecas por un suntuoso chalet en La Navata. Y la batalla a muerte por el espacio de la izquierda ha dado paso al pragmatismo. Ya no hay zancadillas sino colaboración. El pacto político alcanzado este jueves con Pedro Sánchez es la mejor prueba de un cambio de estrategia con el que el dirigente podemista aspira a allanar el camino a su futura entrada en el Gobierno, tras las próximas generales.

La situación de Podemos no es en absoluto sencilla. Los socialistas siempre han creído que en 2016 pagó caro entre el electorado progresista el haberse negado a facilitar la llegada al Gobierno de Sánchez tras cuatro años de recortes del PP y, sobre todo, el haber dado la imagen de que lo hacía porque no se colmaba su ambición personal. Para el recuerdo queda aquella rueda de prensa en la que se lanzó a exigir la vicepresidencia y el CNI cuando el secretario general del PSOE apenas había salido de entrevistarse con el Rey dentro de la ronda de contactos para la investidura.

Iglesias revirtió ese supuesto error con su papel activo en la moción de censura contra Rajoy hace cuatro meses. No sólo no pidió, públicamente, nada a cambio del apoyo a Sánchez, sino que trabajó por el sí de los independendentistas. Ahora, su objetivo es marcar la agenda y que se note. Pero el suyo es un apoyo con salvaguardas.

La historia está plagada de ejemplos de coalición y acuerdos de gobernabilidad que han derivado en un fortalecimiento electoral del partido grande en detrimento de sus aliados. Eso explicaría el modo en el que se ha diseñado el acuerdo para los Presupuestos de 2019. Compromete a ambas partes en asuntos que van más allá de las cuentas públicas -la ley integral contra la violencia sexual, la reforma para poner en manos de ayuntamientos y comunidades la regulación del precio de los alquileres, la derogación de los aspectos «más lesivos» de la reforma laboral y de la ley mordaza...-, pero Podemos evita hablar de acuerdo de legislatura.

Del mismo modo que Ciudadanos dio por rota su alianza con Susana Díaz en Andalucía hace un mes, la formación morada se reserva la posibilidad de denunciar futuros incumplimientos del Gobierno en cuestiones sustanciales para su electorado. No podía permitirse aparecer de nuevo como el responsable principal de un adelanto electoral que, eventualmente, sitúe en mejor posición a PP y Ciudadanos, al poner obstáculos a la aprobación de los Presupuestos, así que ha optado por asumir el papel de 'Pepito Grillo'. Es una dinámica similar a la que siguió Albert Rivera con Mariano Rajoy hasta la caída de este el pasado junio, pero, de momento, menos agresiva.

Iglesias -que mantiene una relación fluida con el jefe del Ejecutivo pese a la desconfianza mutua que se han profesado durante años- escenificó a principios de esta semana que se había topado con escollos casi insalvables para dar a Sánchez el apoyo a las cuentas públicas; un apoyo a partir del cual el Gobierno pretende construir su mayoría con el resto de fuerzas parlamentarias. Todo formaba parte de su guión para hacer valer sus logros.

El secretario general de Podemos ya ha dejado claro en varias ocasiones que su intención es que el partido empiece a entrar en gobiernos de coalición tras las próximas contiendas electorales tanto en el ámbito municipal y en el autonómico como en el nacional. Le interesa dar imagen de socio fiable, pero tiene que combatir el riesgo de que su proyecto acabe diluido en el del PSOE.

Cartel eletoral

Sánchez, por su parte, se ha planteado el diseño de las cuentas públicas como cartel electoral. Si el proyecto no sale adelante por las reticencias de los independentistas, empeñados en condicionar su apoyo a pasos del Gobierno hacia la autodeterminación de Cataluña y la liberación de los presos del 'procés', el PSOE exhibirá su proyecto de gasto social expansivo como ejemplo de lo que podría hacer de tener un mayor respaldo en las urnas. Con ello espera seducir, precisamente, a los desencantados que en su día se pasaron a Podemos, pero con un mensaje a los más moderados: que él cumple con la estabilidad presupuestaria exigida por Bruselas.

Ese, en todo caso, es el plan B. El jefe del Ejecutivo quiere que haya Presupuestos. Se implicó personalmente en lograr el acuerdo con Podemos y lo hará en el caso de los independentistas porque entiende que si logra atraerlos significará que se la espita abierta en el mundo secesionista, dividido entre los partidarios de aparcar la vía unilateral y los empecinados en mantenerla, hace el diálogo posible.

En realidad no necesitaría el sí conjunto de ERC y el PDeCAT. Si obtiene el del PNV (y Coalición Canaria no se alinea con PP y Ciudadanos), podría bastarle con que uno de lo dos, presumiblemente el PDeCAT, se abstuviera.

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