«¡No me guiñes el ojo, imbécil!»

Escudero recrimina su gesto a Rufián (fuera de plano) en presencia de Cascos y Quevedo. :: efe/
Escudero recrimina su gesto a Rufián (fuera de plano) en presencia de Cascos y Quevedo. :: efe

Álvarez-Cascos niega la financiación irregular en una nueva sesión bronca marcada por el rifirrafe entre Rufián y una diputada del PP

MELCHOR SÁIZ-PARDO

madrid. Una vez más, la comisión de investigación sobre la presunta financiación irregular del PP se convirtió en un verdadero guirigay. Y una vez más, en el epicentro del lío estuvo el portavoz de Esquerra (ERC), Gabriel Rufián, quien esta vez se enzarzó con la vicepresidenta de la comisión, la popular Beatriz Escudero, hasta derivar en insultos.

La sesión de ayer ya había comenzado bronca, en línea con lo que es habitual en este foro cada vez que comparece un alto o ex alto cargo del PP. Ya había habido algún amago de encontronazo durante la intervención del exvicepresidente del Gobierno Francisco Álvarez- Cascos, que había reprochado a los socialistas su Filesa. Pero el alto voltaje llegó con el interrogatorio de Rufián. Como siempre. El diputado independentista, en su habitual tono desafiante, le preguntó al ex secretario general del PP si no le preocupaba que «roben a los españoles». Álvarez-Cascos respondió que lo que le preocupaba es el «sistema de apartheid» que existe en Cataluña. El diputado independentista le espetó entonces: «Le falta la bandera del pollo».

«Palmera»

Fue en ese momento cuando intervino Escudero, pidiendo el amparo de la presidencia por entender que Rufián había «insultado» a la enseña «de todos los españoles». En primera instancia, el presidente de la comisión, el canario Pedro Quevedo, logró calmar los ánimos. Pero cuando las aguas parecían volver a su cauce, Rufián llamó «palmera» a la diputada del PP. Cuando Escudero pidió de nuevo amparo al presidente por la descalificación, Rufián hizo el gesto. «¡No me guiñes el ojo, imbécil!», le espetó Escudero, al tiempo que denunció, mirando a las diputadas socialistas y de Podemos, la «actitud sexista» de Rufián y la «falta de apoyo de unas mujeres a otras cuando son del PP».

El rifirrafe acabó con la diputada abandonando la mesa de la comisión, a la que luego volvió cuando pasó el turno de palabra del parlamentario de ERC, quien terminó por retirar del acta la expresión «palmera». «Señor Rufián, siempre lo consigue», se lamentó Quevedo, incapaz, una vez más, de frenar el espectáculo parlamentario. Acabado el incidente, el PP anunció que solicitará el amparo de la Mesa del Congreso y de su presidenta, Ana Pastor, en defensa de su diputada quién, a lo largo del pleno del Congreso, también recibió el apoyo de sus compañeros.

Un respaldo que luego se repitió en una rueda de prensa en la que Escudero, acompañada de una veintena de diputados del PP (la mayoría mujeres) denunció haberse sentido «humillada y despreciada» por el representante republicano.« Ninguna mujer es ni una palmera ni un florero. Y así me he sentido», dijo.

Álvarez-Cascos asistió con cara de cierta sorna (incluso con una sonrisa indisimulada) a la disputa. Para entonces, el que fuera secretario general del PP durante una década (1989-1999) había negado la caja B y la veracidad de los papeles de Luis Bárcenas. «Nunca conocí nada ajeno a la contabilidad oficial del PP, que era la que auditaba el Tribunal de Cuentas», respondió con rotundidad el exnúmero 2 del Partido Popular de Aznar quien, entre 1990 y 1993, fue además tesorero en funciones entre la salida de Rosendo Naseiro y la llegada de Álvaro Lapuerta. Según insistió, en esa década que estuvo al frente de la formación y de su caja no halló «ninguna actividad merecedora de reproches».

Ni caja B ni contabilidad paralela. Y tampoco sobresueldos. «En el PP existían sueldos que tenían el correspondiente soporte presupuestario y fiscal y que cada uno de sus preceptores lo incluía en la renta», abundó el compareciente.

Álvarez-Cascos, además, defendió las figuras de Lapuerta y Bárcenas, algo inédito entre los ex altos cargos del PP que han pasado por la comisión. «De lo que conozco y de la relación con ambos su comportamiento ha sido intachable. Su relación era muy correcta», dijo, antes de negar de manera tajante las anotaciones de Bárcenas que recogen la entrega por parte de Cascos de 10 millones de pesetas a la 'caja B' en abril de 1994.

 

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