Un guardia civil: «Llevo nueve años aquí y jamás vi algo semejante»

LAURA CASTRO GIJÓN.

Empezaron a recibir avisos de la emisora alertando de las fuertes inundaciones en la localidad mallorquina de San Llorenç y la comandancia les mandó acudir para evaluar la situación. El agente asturiano Sergio Mantas y su compañera Nora partieron desde el cuartel de Pollença, a unos 57 kilómetros, y cuando llegaron a la zona afectada por las fuertes lluvias la imagen era «desoladora».

Mantas recuerda cómo los torrentes de agua arrasaban el pueblo ya desde las 19:00 horas. «No teníamos manera de acercarnos al centro. Veíamos riadas arrastrando los coches con gente dentro y a muchas más personas atrapadas en los balcones de sus propias viviendas, que estaban completamente inundadas», relata en conversación telefónica con este periódico. «Llevo nueve años en esta isla y jamás viví algo tan impactante», afirma.

El agente y su compañera recorrieron las calles más alejadas del centro, donde el agua alcanzaba el metro de altura, cuando vieron cómo varias personas les pedían ayuda con la linterna del móvil. «Entre los gritos oímos a un chico que nos decía que tenía a una niña pequeña y no dudamos en darle prioridad», cuenta Mantas. Se trataba del mallorquín Adán Heredia y de sus dos sobrinas de 15 y 3 años.

Los agentes se acercaron con el coche donde se encontraban atrapados y rescataron en primer lugar a la niña más pequeña. Después, trasladaron a los tres supervivientes al punto de control más cercano. «No tengo palabras para agradecer todo lo que hizo por nosotros. Llevábamos varias horas con el agua por la cintura mientras sujetaba a mi sobrina pequeña sobre la cabeza. La impotencia de no saber qué hacer nos invadía hasta que llegaron Sergio y Nora», rememora aún afectado Adán Heredia.

«Es humanidad»

Para Sergio Mantas, en cambio, su actuación «no es heroísmo, sino humanidad. Cualquiera, fuera o no guardia civil, habría hecho lo mismo». Tanto él como su compañera continuaron realizando labores de rescate sin descanso. «Nos juntamos con otros indicativos a pie de calle y formamos una cadena humana para ir sacando al resto de personas que estaban atrapadas. Logramos rescatar a unas 35, de las cuales 12 eran niños», relata. No pudo, no obstante, evitar emocionarse con las palabras de Adán Heredia. «Ya me cayó alguna lágrima esta mañana al recordarlo. Se agradece mucho», reconoce el agente.

 

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