El Gobierno advierte a Torra de que las movilizaciones no ayudan al diálogo

El presidente de la Generalitat replica que las manifestaciones del ministro Borrell tampoco contribuyen a facilitar el deshielo

CRISTIAN REINO BARCELONA.

La manifestación de la Diada de Cataluña, que reunió el martes pasado a cientos de miles de personas en Barcelona, dio el pistoletazo de salida a un otoño cargado de movilizaciones. El jueves que viene se conmemora el primer aniversario del sitio a la Consejería de Economía; luego, llegarán el 1-O y el 27-O; y, más tarde, el juicio y la sentencia. Ante el calendario de protestas en la calle, que el independentismo anuncia como la antesala de una nueva escalada que le vuelva a situar en los parámetros de octubre del año pasado, el Gobierno quiso ayer lanzar un aviso a Quim Torra. «Ni las movilizaciones ni otras herramientas que puedan tratar de incorporarse son útiles» para la búsqueda de un acuerdo, afirmó la portavoz y ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, tras el Consejo de Ministros.

Celaá insistió en que el Gobierno «seguirá buscando» las vías para llegar a un territorio común que ponga a todos «de acuerdo». Un territorio común que para el Ejecutivo central es el «autogobierno», un espacio que el independentismo se niega, de momento, a explorar, pues considera que la sociedad catalana está en otra pantalla, en este caso la de la autodeterminación. Sánchez propone un referéndum sobre el autogobierno y Torra sobre la autodeterminación y no se atisba en el horizonte un punto intermedio.

Ambas partes, en cualquier caso, reiteraron ayer su disposición a seguir explorando la etapa de diálogo que se ha abierto entre las dos administraciones y en la que se incluye la segunda reunión entre Pedro Sánchez y Quim Torra, en este caso en el Palau de la Generalitat el mes que viene, y los encuentros de las comisiones bilaterales. Celaá anunció su intención de «volver a impulsar» una iniciativa parlamentaria como la que pactaron el miércoles pasado el PDeCAT y el PSOE y que apostaba por el diálogo entre el Ejecutivo central y la Generalitat dentro de la ley, pero que los nacionalistas acabaron retirando por el desmarque de Esquerra y por las presiones del sector duro encabezado por Puigdemont. Los socialistas darán una segunda oportunidad a los independentistas con la esperanza de que esta vez sí pueda sumarse ERC.

El PSOE necesita como el comer atraer hacia sus posiciones a los nacionalistas catalanes, pues precisa aliados para aprobar los Presupuestos, evitar el adelanto electoral y salir del campo de minas en que se ha convertido la política. Pero el Gobierno solo podrá contar con los independentistas si realiza movimientos de calado en lo que tiene que ver con los presos y la soberanía de Cataluña. Celaá, no obstante, reiteró que el conflicto catalán «sólo se puede resolver mediante el diálogo y la ley».

La moción

Esta ecuación al independetismo le sabe a muy poco. Torra replicó a los socialistas que resoluciones como la que suscribieron el miércoles en el Senado, que cerraba las puertas al referéndum, o manifestaciones como las del diputado del PSC, José Zaragoza, que aseguró que la voluntad de diálogo del Gobierno permite «hablar de todo menos de la independencia», no están contribuyendo a que haya un «diálogo razonable» para solucionar el conflicto catalán. Torra también arremetió contra el ministro de Exteriores, Josep Borrell, que acusó a Puigdemont de haber provocado, con su huida, que los dirigentes procesados estén en prisión al detectar el juez riesgo de fuga.

Aunque en un primer momento el Palau de la Generalitat avaló la moción del PDeCAT y el PSOE, desde el argumento de que dentro de la ley puede celebrarse un referéndum -tesis que sostienen algunos constitucionalistas como Javier Pérez Royo-, el presidente catalán afirmó ayer que se trataba de una resolución «contraria a la ambición del diálogo que estamos demandando». «Todos tenemos que tomar riesgos y votar aquella resolución nos pareció que no era aceptable», dijo.

Torra coincidió este viernes en un acto en la Cámara catalana con la delegada del Gobierno y no se anduvo con rodeos. Se mostró «exultante» por el resultado de la manifestación de la Diada, que envió, a su juicio, un mensaje claro de que hay que hacer efectiva la república catalana. «Nos da fuerza, coraje y esperanza para tirar adelante», aseguró. «La idea central de la legislatura es el derecho de autodeterminación y la soberanía del Parlamento», avisó horas después de que el Gobierno le recordara que el punto de encuentro de ambos está en el autogobierno. El presidente catalán señaló también que el independentismo no aceptará la suspensión de los seis diputados procesados decretada por el juez Llarena.

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