El final de un héroe sin ilusión (VII)

El final de un héroe sin ilusión (VII)

Última entrega del serial sobre el traidor a ETA que en 1974 salvó en Mónaco a la Familia Real española

ÓSCAR BELTRÁN DE OTALORA

Jokin Azaola dejó de ser 'Van Put' poco después de salvar la vida a los Príncipes y a don Juan, el Conde de Barcelona. Entre abril y agosto de 1974 vivió con una intensidad salvaje, como si tuviera un cable de alta tensión conectado a su sistema nervioso. Cada día de esos cinco meses pudo ser descubierto y asesinado por sus compañeros de comando. Dependía de un par de policías españoles que, ocultos en hoteles monegascos, vigilaban a la docena de etarras que preparaba el secuestro de la Familia Real en la Costa Azul. Participó en un peligroso doble juego entre asesinos y agentes clandestinos y salió victorioso. Pero no podía contárselo a nadie.

'Van Put', el apodo con el que le habían bautizado los inspectores de Policía que le controlaban, se fue convirtiendo en historia. Querían mantenerle infiltrado en ETA y que siguiera pasando información sensible. Que se convirtiera en un espía profesional. Pero él rechazó todas las proposiciones. Se había impuesto una misión y la había cumplido. Punto y final; ahora buscaba empezar una nueva vida.

La biografía de Azaola hasta ese momento no era la de alguien mecido por el aburrimiento, pero tampoco la de un candidato a deslizarse por el abismo de tanto caminar por su borde. Nacido en 1923 en Bilbao, en el seno de una familia nacionalista, estudió en el colegio Santiago Apóstol y, cuando cumplió 34 años, se fue a trabajar a Francia. Una fábrica de Renault enclavada en las inmediaciones de París le contrató como delineante industrial. Militante del PNV de la clandestinidad, mantuvo contacto en París tanto con representantes del Gobierno vasco como con miembros de la Euskaletxea. Sus hijos recibieron clases de euskera del dirigente peneuvista Juan de Ajuriaguerra. Y también se relacionó con el lehendakari en el exilio, José María Leizaola.

En los 60, Azaola es un nacionalista convencido que ayuda a diversas personas implicadas en la lucha contra el franquismo

En 1967 abandonó la Renault y regresó a Euskadi. Comenzó a trabajar en Bilbao. Un año después, en 1968, ETA cometió su primer asesinato, el del guardia civil José Antonio Pardines. En aquella época, Azaola es un nacionalista convencido que ayuda a diversas personas involucradas en la lucha contra el franquismo. Varios jóvenes que huían de la Policía encuentran refugio en su casa, donde también ocultaba propaganda clandestina. Hasta que, en 1972, estos contactos le pidieron ayuda para revelar un carrete de fotografías. Son las imágenes del turismo de Lorenzo Zabala, un empresario de Eibar que sería secuestrado por ETA ese año. Esta cadena de favores le acabó apresando. Azaola fue detenido por esa acción de la banda terrorista, pasó nueves meses en prisión y luego huyó a Francia. Para entonces, ya había conocido a los agentes de Policía a los que luego confiaría el papel que ETA le reservaba en Mónaco: ayudar al comando desplazado a la Costa Azul para secuestrar a don Juan Carlos y doña Sofía. Así empezó todo.

«...En abril de 1977 se legalizó el Partido Comunista. Azaola abandonó toda su relación con ETA...»
«...En abril de 1977 se legalizó el Partido Comunista. Azaola abandonó toda su relación con ETA...» / VÍCTOR SANTOS

El momento de hablar

No se puede cumplir una misión como la que él llevó a cabo y salir indemne. Nadie puede ser el mismo cuando ha tenido el destino de una nación en sus labios. Sus palabras, las frases que escuchaba a los etarras y luego repetía a los agentes que le controlaban, habían cambiado la historia de España. Las cosas que vio y las que hizo le cambiaron a él. En la película 'Apocalypse Now', el capitán Willard pronuncia una frase momentos antes de iniciar el viaje al corazón de las tinieblas: «Quería una misión y por mis pecados me la dieron». Quizás Jokin Azaola llegó a pensar algo similar.

En 1975, a la muerte del dictador, Juan Carlos se convierte en Rey de España y despeja el tránsito hacia la democracia. Todo se precipita. En abril de 1977 se legaliza el Partido Comunista. Azaola abandona por completo su relación con ETA, se acoge a las Leyes de Amnistía y retorna otra vez a Bilbao, para trabajar en Mecánica La Peña. En julio de ese mismo año se celebran las primeras elecciones en libertad. En Euskadi se dan los pasos para crear el Consejo General Vasco, embrión del futuro Gobierno autonómico. El andamiaje del franquismo comienza a derrumbarse. En algún momento, Azaola tal vez pudo pensar que todo esto se lo debían en buena parte a él. Si ETA hubiera conseguido dar su golpe a la Familia Real, la Transición no habría tenido lugar tal y como la conocemos.

El creía que la democracia había llegado y que era el momento de contar lo que había hecho a favor del régimen de libertades»

El creía que la democracia había llegado y que era el momento de contar lo que había hecho a favor del régimen de libertades» Jokin Azaola hijo

«Él creía que la democracia había llegado para quedarse y que era el momento de contar lo que había hecho a favor del régimen de libertades». Quien así habla es Jokin Azaola Zugadi, el hijo del infiltrado. Hoy en día, con 68 años, vive en Algorta. Buscamos en él respuestas a algunos de los interrogantes que se mantienen abiertos sobre la figura de su padre, el rol que desempeñó como doble agente y, especialmente, los motivos que le impulsaron en 1977 a hacer pública su historia. ¿Por qué escribió con un amigo ese libro firmado con pseudónimo en el que relataba los hechos acontecidos en Mónaco? ¿Por qué meses después amplifica todavía más sus confesiones mediante una entrevista concedida a 'Interviú', esta vez, con su nombre verdadero y posando incluso para la cámara del fotógrafo? ¿Por qué volvió a meterse en la boca del lobo cuando ya llevaba cuatro años a salvo de sus fauces? ¿Por qué recorrió el camino que acabó llevándole el 14 de diciembre de 1978 a un aparcamiento de Getxo para enfrentarse a las balas de los pistoleros de ETA que segaron su vida?

La serie

«Siempre me he hecho esa pregunta y no puedo responderla de forma simple -narra su hijo-. Quizás mi padre no creía que atentarían finalmente contra él. Igual supuso que la dictadura ya se había terminado y que empezaba una nueva vida. Incluso para ETA». No descarta tampoco que el topo estuviera mal aconsejado por algunos de sus amigos. Su primer libro está firmado con el pseudónimo 'Odei Erreka', compartido también por el escritor José María Gordoa. Unos meses antes de que ETA asesinase a Jokin Azaola, Gordoa publicó con su identidad real 'Operación Pesca', que se corresponde casi palabra por palabra con el texto de 'Odei Erreka'. En ambos se narra un episodio oscuro.

Son los tiempos en los que Azaola entiende que un miembro de las fuerzas de seguridad españolas le había hecho una promesa de ayuda económica y solicita veinte millones de pesetas (120.000 euros). Incluso intentó ponerse en contacto con la Casa Real, con la Zarzuela. Este episodio lo desmentirá posteriormente el director general de la Policía y antiguo responsable del confidente durante la operación para abortar los planes macabros de ETA en la Costa Azul, José Sáinz. Lo hizo de una forma un tanto extraña. En sus memorias privadas, el comisario incluyó una carta póstuma dirigida a 'Van Put'. Es un texto -que pueden leer aquí- escrito con cariño, dolor y enfado. Sáinz le reprocha lo que considera «mentiras» sobre unos presuntos pagos pendientes, pero sin dejar de elogiar «el servicio tan grande» que Azaola prestó a España. Le recrimina también todas las indiscreciones que le fueron acercando progresivamente al centro de la diana de la banda terrorista. «Tan pronto las leí, confieso que te consideré definitiva e irremediablemente condenado a muerte por tus excompañeros: los hombres de ETA». Estas últimas líneas están escritas después de que Sáinz escuchara por la radio la noticia del asesinato en Getxo de su doble agente. «El dolor que me embargó fue grande y solo apelé al Todopoderoso para pedirle que premiara todo lo bueno que hubo en tu vida», anotó.

El laboratorio casero

La muerte de Jokin Azaola cayó pronto en el olvido. En aquellos oscuros días crepitaban las noticias sobre acciones etarras: asesinatos, explosiones, atracos a bancos... El crimen tapaba al crimen. El hijo del confidente tenía 28 años cuando un comando se llevó su vida. Él mismo tuvo un papel relevante en el incidente del carrete de fotografías de ETA que introdujo a Jokin Azaola en su frenética historia. «Yo en esos días era un aficionado a la fotografía y tenía un pequeño laboratorio en casa. Revelé las fotos que me dio mi padre, pero no me comentó nada de para qué eran o de qué se trataba. Jamás pensé que tendrían las consecuencias que acarrearon», explica cuarenta años después. A él también le arrestaron junto con su padre por aquellos hechos, pero no llegó a ser procesado. «Pasé muchas veces por el calabozo», recuerda.

«...El Monarca pone en marcha la Transición hacia la democracia. Todo se precipita...»
«...El Monarca pone en marcha la Transición hacia la democracia. Todo se precipita...» / VÍCTOR SANTOS

Jokin Azaola cayó abatido en el garaje de Getxo justo un mes después del fallecimiento de su esposa tras una larga enfermedad. De la lectura del libro firmado con pseudónimo por el confidente y su amigo se puede interpretar que el dinero que buscaba de las autoridades españolas era para pagar un tratamiento que frenase el deterioro que sufría la mujer, afectada por problemas psicológicos.

Alguien que ha tenido el destino de una nación en sus manos y que ha puesto su vida en peligro por ello ya no puede volver a ser un hombre normal.

«Una buena persona»

Los tres hijos del topo se quedaron solos. «Lo pasamos muy mal. En muchas empresas se negaron a contratarme por ser hijo de quien era y no conseguí trabajo. En la calle nos decían que estaríamos forrados con el dinero que habían dado a mi padre, pero todo era mentira. Mi padre jamás pidió dinero. Además, ETA lanzó muchas acusaciones falsas sobre nosotros. Siempre he tenido envidia de los familiares de las víctimas que se pudieron ir a sus pueblos. Yo me tuve que quedar aquí y soportar lo que soporté», confía Jokin Azaola Zugadi.

Cuando salía de txikiteo, a veces tenía que enfrentarse a miradas agresivas que le contemplaban desde el fondo de la barra. Un día llegó a encararse con un simpatizante de la izquierda abertzale del que sospechaba que podía haber dado los datos para que el comando que mató a su padre pudiera localizarle. «Bajó los ojos y se marchó», dice al revivir el incidente. «Mi padre era, básicamente, una buena persona, un pacifista que no soportaba la violencia ni el odio. Creía que a todos hay que tratarlos por igual. A veces, quizás, pecó de inocente. Si hubiera sido de otra pasta igual las cosas habrían sido distintas», reflexiona.

«Adios Jokin»

José Sáinz, el comisario que controló al agente doble Jokin Azaola mientras operaba en Mónaco, le dedicó esta carta póstuma:

«Me hubiera satisfecho en verdad haber podido hablar contigo a raíz de ver publicado el libro –historia novelada– que titulaste 'Los elegidos de Euzkadi', y que, con uno de tus pseudónimos, Mikel Aguirre, prologaste con fecha 19-11-1977. No volví a verte desde finales de febrero de 1975, pocos días antes de mi dimisión y cese como comisario general de Investigación Social de la Dirección General de Seguridad (...) en cuya última entrevista te presenté a mi buen amigo 'X', para que continuaras contactando con él, caso de que a ambos nos interesara.

Te advertí una y mil veces del peligro que para ti suponía la serie de imprudencias e indiscreciones que venías cometiendo. Tus comentarios y confidencias con diferentes personas y tus contactos, visitas y hasta cartas que no dejaban de dar la sensación de ser chantajistas, suponían un evidente peligro. No me hiciste el menor caso y continuaste.

Aquel comportamiento irreflexivo fue empañando tu magistral y desinteresada aportación en la iniciación y el desarrollo de la operación 'Mirlo blanco'. Continuaron tus elucubraciones con la publicación del aludido libro –'Los elegidos de Euzkadi. Un atentado al futuro'– en el que, para quienes habíamos vivido de cerca aquellos apasionantes momentos, tanto desde la óptica de los hombres de la Policía como de los de ETA, apreciábamos que eras tú el que escribías o dictabas aquellos datos, tan ciertos los fundamentales como alterados o 'novelados' no menos de la mitad de los restantes (...).

Por si todo esto fuera poco, el colmo de la enajenación llegó cuando, junto a tu fotografía, con el nombre al pie de ella, la revista 'Interviú' del 11-17 de mayo de 1978 publicó las amplias e imprudentes declaraciones sobre el mismo tema, con abundantes e intencionadas inexactitudes. Tan pronto lo leí confieso que te consideré definitiva e irremediablemente condenado a muerte por tus excompañeros: los hombres de ETA.

Ahora bien, en lo que mientes en ambos casos es cuando aseguras que te hice otras promesas en nombre de los Príncipes de España o en el mío propio. Las que pude hacerte, sabes perfectamente que fueron mías y solo mías y que las cumplí en su totalidad y hasta el último momento con largueza, sin perjuicio de que reconozca que fueron insignificantes, si de pagarte el servicio tan grande que habías prestado se hubiera tratado. Pero no olvides que desde el primer momento advertiste que tu aportación era por completo desinteresada, en favor de la causa del Pueblo Vasco, y lo repetiste con insistencia, lo recoges en tu libro (...). Por supuesto, con independencia de los gastos que tu colaboración pudiera suponerte y que te fueron satisfechos en su totalidad...

No volví a saber nada de ti hasta que un fatal 14 de diciembre de 1978 escucho por la radio y leo en los periódicos que en Getxo, las balas disparadas por los hombres de ETA habían segado tu vida. El dolor que me embargó fue grande y solo apelé a la suprema magnanimidad del Todopoderoso para pedirle que premiara todo lo bueno que hubo en tu vida, incluso aquello que, según tu juicio, no había sido por nosotros, los hombres.

Adiós, Jokin».

Con la perspectiva de cuatro décadas, después incluso de la conversación con su hijo, la gran pregunta sigue siendo por qué Jokin Azaola, 'Van Put', se descubrió ante ETA. La mayoría de los implicados en la operación 'Mirlo blanco' están muertos. Quizás él dejó escondido entre las palabras de su libro el secreto que le llevó a hacer público su papel en Mónaco. Hay una frase muy personal puesta en boca del personaje que representa a Azaola en 'Los elegidos de Euzkadi'. La pronuncia en el momento en que comunica a la organización terrorista que rompe con ellos: «Me encuentro aburrido, preocupado y sin ilusión». Tal vez sea una de las claves. Un hombre que ha tenido el destino de una nación en sus manos y que ha puesto su vida en peligro por ello ya no puede volver a ser un hombre normal. Todo lo que se puede hacer es conocer su historia, rescatar su identidad del olvido y que los hechos hablen.

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