Felipe VI refuerza la idea de continuidad de la Corona en un momento delicado

La Princesa de Asturias se ubicó ayer a la derecha del Rey durante el desfile del 12 de octubre y lució la insignia del Toisón de Oro

P. DE LAS HERAS

mADRID. Si hay una institución en la que los símbolos importan es la Corona. Y la imagen de la princesa Leonor ubicada por primera vez a la derecha del Rey en el desfile del 12 de octubre lanza un mensaje claro de continuidad en un momento difícil. Hasta este año, lo normal era verla a la izquierda de la reina Letizia, junto a su hermana, la infanta Sofía. Las cosas empezaron a cambiar en enero, cuando don Felipe le entregó el Toisón de Oro en una ceremonia en el Palacio Real, en coincidencia con su 50º cumpleaños. La importante insignia lucía ayer también sobre la solapa de la Heredera.

Ni en la Casa del Rey ni en el Gobierno ignoran que se ha abierto un etapa delicada para la Monarquía. El Ejecutivo se tuvo que emplear a fondo este verano para frenar los intentos su principal socio parlamentario de crear una comisión de investigación sobre los supuestos negocios de Juan Carlos I cuando salieron a la luz las grabaciones del excomisario Villarejo a su «amiga entrañable», la comisionista Corinna zu Sayn-Wittgenstein. Ahora se afana en responder la ofensiva de los independentistas catalanes que, anteayer, también de la mano de En Comú-Podem (la marca de Pablo Iglesias en Cataluña), reprobaron a Felipe VI en el Parlament.

El asunto fue uno de los más tratados en los habituales corrillos de autoridades y periodistas durante la recepción de los Reyes con motivo de la Fiesta Nacional. El Gobierno ya dejó claro mediante un comunicado, el mismo miércoles, que no se quedaría de brazos cruzados y adoptaría «las medidas legales a su alcance» contra la resolución. Un texto que condena la actuación del Jefe del Estado tras el 1 de octubre y apuesta por abolir la Monarquía, que tilda de «caduca y antidemocrática».

«Gravedad política»

La más contundente fue la vicepresidenta, Carmen Calvo. Recordó que la figura del Rey es, según marca la Carta Magna, «inviolable» y abrió la puerta a un recurso al Tribunal Constitucional. Los servicios jurídicos del Gobierno estudian en todo caso si esa sería una fórmula adecuada. El propio Pedro Sánchez admitió, en una conversación informal, que la iniciativa carece de valor jurídico y es «más declarativa más que otra cosa».

El Gobierno admite, aun así, que es de una enorme «gravedad política» que un Parlamento autonómico cuestione uno de los «pilares» del sistema democrátio español. Su situación es compleja porque, hasta ahora, ha dejado pasar las provocaciones de los independentistas siempre y cuando no supusieran un incumplimento de la ley -no reaccionó, por ejemplo, al desplante de Quim Torra a don Felipe antes de la inauguración de los Juegos del Mediterráneo y se quedó con que estuvo dispuesto a compartir palco con él- pero este caso menos claro.

En este marco, la imagen de la Princesa de Asturias asumiendo un protagonismo del que hasta ahora se le había querido preservar cobra especial importancia. Doña Leonor ha cumplido ya doce años, la edad a la que su padre pronunció el primer discurso. Los Reyes no son partidarios de apresurar la llegada de ese momento, pero está claro, porque así lo dicen también en Zarzuela, que se ha producido ya un punto de inflexión en su vida.

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