El Ejecutivo busca la complicidad con Urkullu para el acercamiento a Cataluña

El lehendakari Iñigo Urkullu, durante un acto del Gobierno vasco. :: Josu Onandia/
El lehendakari Iñigo Urkullu, durante un acto del Gobierno vasco. :: Josu Onandia

Sánchez quiere que su cita con el lehendakari, en la que se hablará sobre traspasos y de los presos de ETA, marque una pauta de normalidad

OLATZ BARRIUSO BILBAO.

Mucho más que una cita protocolaria. Así se presenta la reunión que mantendrán hoy en el Palacio de la Moncloa el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el lehendakari Iñigo Urkullu. Aunque el encuentro se enmarca en la obligada ronda de contactos del flamante jefe del Ejecutivo con todos los presidentes autonómicos, el contexto político empuja a Sánchez a escenificar acuerdos con los nacionalistas de talante pactista, moderado e institucional como Urkullu. Especialmente, porque la fotografía se producirá dos semanas antes de la reunión del 9 de julio con Quim Torra, que acaba de anunciar la ruptura de relaciones de la Generalitat con la Casa Real y que, a buen seguro, se presentará en Madrid con una tabla de reivindicaciones imposible de asumir para el Gobierno del PSOE.

Las dos partes esperan que el encuentro de este mediodía sirva para alcanzar «compromisos» concretos. Acuerdos tangibles que permitan trasmitir algo más que la mera cordialidad y la buena sintonía en las que a veces se diluyen este tipo de reuniones. El presidente del Gobierno confía, de hecho, en que su cita con Urkullu, al que ya conoce y con quien tiene buena sintonía, «marque el tono» de su relación con las llamadas nacionalidades históricas y con el resto de las comunidades autónomas, que en la Presidencia del Gobierno esperan que esté presidida por la «estabilidad» y la «normalidad democrática».

Ambos necesitan que su reunión «salga bien». Sánchez para demostrar que su disposición al diálogo territorial no es una simple pose, sino que puede dar frutos si la voluntad de alcanzar acuerdos es recíproca y dentro de la ley. Máxime cuando el sector más radical del independentismo catalán -en el que se encuadran Torra y Puigdemont- insiste en tensar la cuerda con Madrid mientras Esquerra y el PDeCAT intentan volver al posibilismo. Y Urkullu porque el PNV ha empeñado su crédito político en la 'operación Sánchez' y necesita demostrar que ha acertado al descabalgar al PP, además de lograr que la legislatura dure para evitar así unas generales anticipadas que ensombrezcan sus expectativas en las municipales y forales de la próxima primavera.

El Gobierno vasco y el PNV confían en que Sánchez se atreva a explorar el terreno en el que Rajoy, cómodo en los acuerdos presupuestarios a cambio de contrapartidas económicas, nunca quiso meterse. Un terreno que se traduce, básicamente, en completar el Estatuto y acercar presos de ETA a cárceles vascas.

Primeros gestos

En la primera cuestión, es muy significativo que los responsables del asunto en ambas administraciones, el consejero Josu Erkoreka y la ministra Meritxell Batet, se reunieran ya el viernes para allanar el camino. El consejero de Autogobierno solicitó a Soraya Sáenz de Santamaría durante meses una cita similar y jamás llegó a producirse.

Urkullu ya avanzó que espera que en el encuentro de hoy pueda acordarse un calendario concreto de trabajo para negociar las transferencias pendientes, 37 según el Gobierno vasco. La guía será el acuerdo alcanzado por el Parlamento autonómico, que daba seis meses al Ejecutivo central para desbloquear los traspasos. Sánchez cuenta por lo tanto con margen de tiempo para preparar conversaciones que requieren un ingente trabajo técnico.

En la agenda, está el traspaso de la gestión del régimen económico de la Seguridad Social. Tanto esa materia, altamente simbólica pese a que solo se traspasarían los medios materiales y el personal, como la de Prisiones, que Cataluña ya gestiona desde hace años, recaerían en el departamento de la consejera socialista María Jesús San José.

Los dos presidentes se pondrán de acuerdo además en la manera de abordar el cambio en la política penitenciaria una vez desaparecida ETA. Ambos tienen claro que los presos de la banda deberán acogerse a las vías legales e individuales de reinserción para ser acercados a cárceles vascas y coinciden en dar cauce a las progresiones de grado y a la excarcelación de los enfermos graves.

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