Díaz convoca elecciones en Andalucía el 2 de diciembre y abre el carrusel de citas con las urnas

Díaz convoca elecciones en Andalucía el 2 de diciembre y abre el carrusel de citas con las urnas

Los comicios medirán el impacto de la llegada de Sánchez a la Moncloa, el efecto Casado en el PP, el peso de la alianza de IU y Podemos y el auge de Cs

C. CUERDO / R. GORRIARÁN SEVILLA / MADRID.

Susana Díaz utilizó ayer el mismo argumento que hace tres años para adelantar las elecciones autonómicas: «Andalucía necesita estabilidad». La presidenta de la Junta convocó los comicios el 2 de diciembre y levantó el telón de la temporada electoral 2018-2019. Serán los primeros de un carrusel que incluirá las votaciones municipales, autonómicas y europeas el 26 mayo, y posiblemente las generales y catalanas en otoño.

En 2015, la presidenta andaluza achacó a Izquierda Unida, entonces socio de los socialistas, la responsabilidad de la falta de estabilidad. Ahora, siempre según Díaz, el factor de inestabilidad corresponde a Ciudadanos por romper hace un mes el acuerdo de legislatura con el PSOE. Tras reunir de forma extraordinaria a su Consejo de Gobierno, explicó que en minoría y sin posibilidad de negociar es «imposible» aprobar los Presupuestos del próximo año. A lo que hay que sumar que hubiera sido un sacrificio infructuoso agotar la legislatura en marzo y someter a los andaluces a «una campaña de cinco y seis meses». Por tanto, y por «responsabilidad», decidió que las elecciones sean el 2 de diciembre.

Susana Díaz había negado sin rubor en las últimas semanas que el adelanto figurara entre sus planes a pesar de que era un secreto a voces que esa era su intención. Ayer explicó que «el primero» que conoció sus intenciones, aunque no dijo cuándo, fue el presidente del Gobierno, con el que le une una vieja enemistad, al que llamó por teléfono. Justificó esa deferencia porque tienen «una comunicación y relación muy fluida», algo que no admiten los colaboradores de una ni del otro.

La presidenta de la Junta de Andalucía subrayó que quiere unas elecciones sin interferencias, «con acento andaluz», y alejadas de los vaivenes nacionales porque tienen importancia «por sí mismas». «Mi tierra -subrayó- no merece la inestabilidad que hay en el resto de España y tomo mi decisión pensando en Andalucía». Pero a pesar de ese empeño en colocar sus comicios en una burbuja, Andalucía no va a poder escapar de la dinámica política global. Las elecciones, por muy autonómicas que sean van, a tener una clara lectura nacional porque va a ser la primera oportunidad para calibrar en las urnas el impacto de la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa y, de alguna manera, va a ser también un examen a su medio año en el Gobierno, a pesar de que Díaz esté empeñada en que la evaluación sea para su gestión.

El 2 de diciembre también se va a medir si hay un efecto Pablo Casado en el PP andaluz, un impacto que no han detectado los sondeos de ámbito nacional efectuados desde que asumió el liderazgo del partido en julio pasado. Del mismo modo, será una buena oportunidad para que la alianza de Podemos e Izquierda Unida, formalizada en la candidatura Adelante Andalucía, compruebe su estado de salud. Un pacto mirado con recelo por Pablo Iglesias, no por el entendimiento en sí sino por la decisión de Teresa Rodríguez de ir por libre sin la etiqueta de Podemos. Ciudadanos asimismo pondrá a prueba si su ascenso en España no se resiente en Andalucía después de tres años de respaldo a Susana Díaz.

Tres candidatos sin bendición

Estas elecciones, además, tienen la particularidad de que tres de los candidatos no cuentan con la bendición de sus líderes nacionales. Conocidas son las rencillas entre Susana Díaz y Pedro Sánchez desde la profunda crisis del PSOE de hace dos años, y el enfrentamiento en las primarias en las que el hoy presidente del Gobierno barrió a la baronesa andaluza. Una falta de sintonía que no ha mejorado con el tiempo.

En el PP, Juan Manuel Moreno, se alineó en las primarias con Soraya Sáenz de Santamaría, y tampoco es el candidato ideal de Casado. Pero no había tiempo para el cambio del cabeza de cartel, una operación que habría fracturado más de lo que está al PP en Andalucía.

Teresa Rodríguez libra una batalla sorda con Iglesias desde hace tres años. La líder andaluza de Podemos, exponente del sector anticapitalista, nunca ha sintonizado con el secretario general, y sus movimientos autónomos han despertado el recelo de la dirección nacional.

Solo Juan Marín cuenta con los parabienes de su jefe, Albert Rivera. El candidato de Ciudadanos es un hombre gris y disciplinado, que no ha causado quebraderos de cabeza al mando liberal. Su papel en la campaña, de todas maneras, será secundario porque Rivera e Inés Arrimadas, natural de Jerez, serán los auténticos protagonistas.

El 2 de diciembre, por tanto, no solo se decidirá el Gobierno de Andalucía, será el primer banco de pruebas para las cuatro grandes fuerzas nacionales. Aunque en clave andaluza está en juego si el PSOE bate el récord de 40 años seguido en el Gobierno autonómico, si el PP retiene el puesto de eterno segundón, si el pacto Podemos-IU tiene futuro y si Ciudadanos consolida su ascenso.

Más

 

Fotos

Vídeos